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sábado, 16 de junio de 2018

Eva desnuda [Málaga, 1945], obra de madurez de Juan Barbero Martínez (1908-1952).


 

“Eva desnuda”, óleo sobre lienzo, 167,00 x 91,00 cm.
Museo de Málaga.

Existen obras que pertenecen a la memoria sentimental de la infancia, durante la cual la recién estrenada herramienta del raciocinio va atesorando imágenes, sensaciones, sonidos y datos para conformar un mapa conceptual con el que manejarnos por la vida, y en la propia he contado con una de las postales que se vendían en la ciudad, de entre las colecciones del Museo de Málaga, con la “Eva desnuda” del pintor Juan Barbero Martínez como motivo. Desde aquellos ya fabulados tiempos, hoy se exhibe en las salas permanentes de su nueva sede del Palacio de la Aduana este desnudo femenino que, cuando transito en el silencio de las inspecciones periódicas, continúa conteniendo la magia que me devuelve a mi infancia.   

Apenas tenía noticia de su autor, Juan Barbero Martínez, hasta el generoso contacto con su sobrina materna: María Eugenia Pereiro Barbero. El pintor nació el 18 de enero de 1908 en la localidad madrileña de Tielmes de Tajuña, donde comenzó de forma autodidacta a practicar vocacionalmente el ejercicio de la pintura. Una vez instalado en Madrid, su tesón en descollar entre los maestros de la pintura nacional le prestó la suficiente osadía como para mostrar sus dibujos a pintores ya consagrados, caso de José Garnelo, Marceliano de Santa María o el valenciano Manuel Benedito. De entre todos ellos, fue este último quien ejerció su magisterio sobre el joven Barbero, en el que descubrió una sensibilidad plástica más próxima y una forma más cercana a su concepto de la pintura, presentándole a los marqueses de Urquijo quienes ejercieron el mecenazgo durante sus años de formación. Gracias a esta afortunada situación, Juan Barbero pudo ingresar como alumno en el año 1928 en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, durante cuyos años de estudio se aplicó con denuedo y entrega a lograr despuntar con éxito, como demostraron los Diplomas de Mérito obtenidos en Perspectiva, Dibujo de Estampas, Estudios preparatorios de Colorido e Historia del Arte en su primer curso, y de Desnudo del Natural, Dibujo Científico y, de nuevo, Historia del Arte en su segundo año. Todos estos méritos acumulativos fueron determinantes para que el claustro de profesores solicitase por unanimidad la concesión de la pensión para continuar sus estudios que ofrecía la Diputación Provincial de Madrid en años sucesivos, hasta su conclusión.

Durante la década de los años treinta del siglo XX, Juan Barbero obtuvo pensión en la Residencia veraniega de Paisaje en la segoviana Cartuja de El Paular en 1933, y en la Residencia oficial en la ciudad de Granada en 1934, siendo uno de los géneros en los que se mostró mejor dotado. En este último año hizo acto de presencia en el panorama artístico nacional, con su primera exposición individual en la Asociación de Amigos del Arte de Recoletos, con gran éxito de crítica y un importante número de ventas, consecuencia lógica de su acogida entre el público. Al siguiente año, coincidiendo con una nueva estancia en la Residencia oficial granadina, presentó su segunda gran individual en el Centro Artístico de Granada. 


“Jardines de la Alcazaba”, óleo sobre lienzo, 62,00 x 50,00 cm.
Excmo. Ayuntamiento de Málaga.

En el mismo año en que estalló la Guerra Civil, Juan Barbero ya había decidido un futuro estable relacionado con la docencia plástica en Institutos de Enseñanza Secundaria, preparando los cursos de capacitación docente, a la vez que preparaba una segunda exhibición en el granadino Centro Artístico. Terminada la contienda nacional, comenzó a concurrir a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid del año 1941 y a ampliar la presentación de sus obras en sendas exposiciones gaditana en el Hotel Atlántico y en la malagueña sala de la Escuela de Magisterio en 1942.

Su formación europea se completó en el año 1944, cuando obtuvo la beca Conde de Cartagena que otorgaba la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para ampliar estudios en el extranjero. En Roma residió hasta su regreso a España en 1948, presentándose en una exhibición individual en la madrileña Galería Dardo. Había establecido su residencia en la malagueña calle Cobertizo del Conde del barrio de Lagunillas al menos desde 1945, desde la que se presentó a varias colectivas nacionales con distintos galardones, distinciones y medallas. Su fama artística fue aumentando en los últimos años de su vida, durante los que fueron ejecutadas sus mejores obras, especialmente en el retrato, lo que facilitó su establecimiento en el barcelonés Paseo Bosanova 5 y de su concurrido estudio en Gran Vía, falleciendo en la Ciudad Condal el día 15 de enero de 1952. 


“Retrato femenino” [1946], Lápiz, clarión y sanguina sobre papel.
Colección particular.

“Eva desnuda” es una de las mejores obras del pintor en sus primeros años de residencia en Málaga, firmado en el año 1945, que tuvo como modelo a una jovencísima “bailaora” flamenca de nombre Isabel Expósito Junco y de apodo: La Coreana. Por directa confesión de la modelo a alguno de los miembros más antiguos de nuestra plantilla, el pintor la conoció durante las largas esperas con la cartilla de racionamiento para conseguir los alimentos en plena autarquía posbélica durante su adolescencia, y no pudo resistir el estipendio que le ofreció Barbero para posar de esa guisa.

La modelo se presenta en púber desnudez, ocupando frontalmente toda la composición en directa interpelación al espectador, a quien ofrece la manzana del pecado original. La pose corporal clásica y los atributos bíblicos no son motivos suficientes para tranquilizar nuestra mirada sobre una belleza infantil tan serena, de incipientes pechos púberes y de fuerte carnalidad racial de la modelo. La pincelada es justa en la definición del dibujo, la paleta de color sin estridencias en la definición de la aterciopelada epidermis de la joven y el entorno de paisaje se deshace en mayor sensación de bruma, cuyo marco envolvente que conforman tronco y ramajes funciona a modo de mandorla en torno a la gitanilla representada. Toda la intención de la obra se concentra en el rostro inmaculado de Isabel y la jugosa manzana que sostiene con cuidado en su mano, ofrenda inocente que encierra toda la terrible expulsión del paraíso terrenal que procurará nuestra caída en el pecado original, del que aún ni el cuerpo por desarrollar de Eva puede preconizar futuros alumbramientos con dolor, tan ajenos aún al desenlace del relato bíblico. 


“Eva desnuda”, óleo sobre lienzo, 167,00 x 91,00 cm.
Museo de Málaga.

La economía de medios empleada por Barbero es tal que el propio título de la obra se ha desdibujado en la historia de la imagen, mencionada como “Eva”, “Eva gitana” o, finalmente, “Gitanilla”. De hecho, en una relación de obras existentes en el Museo de Málaga con fecha 18 de noviembre de 1953, pocos meses después de su incorporación, se menciona como almacenada por falta de espacio para su exposición permanente en los locales compartidos aún con la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en los exclaustrados locales jesuíticos de la actual Plaza de la Constitución, y es descrito como un desnudo femenino donado por la viuda del pintor. La obra no encontró acomodo en la exposición permanente de la institución hasta su reinauguración en el Palacio de Buenavista, en cuyo catálogo de 1961 se presenta en la sala XVIII.  

José Luis Estrada Segalerva, en sus Efemérides malagueñas (Málaga, 1979: I, 139), nos informa que la obra llegó al Museo de Málaga el día 23 de enero del año 1953, gracias a las gestiones realizadas por Gustavo García Herrera. La obra, por tanto, fue donada por la familia del pintor al Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga en esas fechas, como lo corrobora una comunicación del Director General de Bellas Artes estatal con el entonces Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y del Patronato del Museo Provincial, con fecha 21 de febrero de 1953,  agradeciendo:

Recibido el atento escrito de V.S. dando cuenta de que los fondos de ese museo provincial se han incrementado con los donativos de un cuadro titulado “Preludio” que su autor Dn. Manuel León Astruc ha cedido con carácter definitivo y “Eva” del fallecido pintor don Juan Berbero (sic) cedida al Museo por los familiares de dicho artista, esta Dirección General agradece dicha noticia y ruega a V.S. que en su nombre dé las gracias a los generosos donantes. Lo que comunico a V.S. para su conocimiento y demás efectos. Dios Guarde a V.S. muchos años.

La noticia ha sido completada por la sobrina del pintor en comunicación con el Museo de Málaga, quien afirma que la donación en representación del pintor y su viuda la realizaron sus padres: Eleazar Pereiro Durán y Presentación Barbero Martínez, hermana del pintor, con el nombre de “Eva desnuda” al año de su fallecimiento. 


“Eva desnuda” en los almacenes del museo antes de su intervención y montaje en 2016.
© del autor, 2015.

El arco cronológico que vinculaba la obra a mis recuerdos de infancia, con la mirada inocente de entonces sobre el púber desnudo salido de los pinceles de Barbero Martínez, hoy se completa con el rendido homenaje de María Eugenia Pereira Barbero hacia la obra de su tío materno, lo que justifica sobradamente el tributo que hoy se rinde al pintor y su modelo.

Bibliografía:

Dirección General de Bellas Artes (1961) Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, Málaga, p. 25 (sala XVIII).
ESTRADA SEGALERVA, José Luis, (1979) Efemérides malagueñas, Tomo I, Málaga,

domingo, 3 de junio de 2018

Antonio Muñoz Degrain e Igueriben, un episodio de la Guerra del Riff


Los de Igueriben mueren pero nunca se rinden [Málaga, 1924]
 Museo de Málaga, depósito del Ayuntamiento
a

El Museo de Málaga exhibe de forma permanente un lienzo de gran formato, última obra del pintor Antonio Muñoz Degrain (Valencia, 18 de noviembre de 1840 - Málaga, 12 de octubre de 1924), íntimamente vinculado con el círculo artístico malagueño desde que en 1870 fue llamado por su compañero y amigo Bernardo Ferrándiz y Badenes para que colaborase en la proyección y ejecución de la decoración pictórica del techo sobre el patio de butacas del Teatro Cervantes. Su permanencia en la ciudad la procuró primero su nombramiento como profesor supernumerario de su Escuela de Bellas Artes el 20 de junio de 1879, plaza muy inferior a su consolidado prestigio artístico al encargarse de la sustitución de cualquier profesor ante ausencia o enfermedad, y como profesor auxiliar numerario de Dibujo Lineal y Adorno desde el año 1884, después. Durante estos años, el pintor valenciano afianzó su vinculación con la ciudad de forma estable, al contraer matrimonio con la malagueña Dolores Sánchez Molina e instalar residencia y estudio en la calle Victoria.

Su vinculación con Málaga no terminó en el año 1895, a pesar de trasladar su residencia a Madrid para tomar posesión de la Cátedra de Paisaje en la Escuela Superior de Escultura, Pintura y Grabado de San Fernando, en sustitución del fallecido Carlos de Haes, y de la que llegó a ser Director desde 1901. En la capital del reino alcanzó los más altos galardones y destacadas distinciones reservadas a los artistas de su siglo, sin que dejase sus residencias valenciana y malagueña, a las que se trasladaba casi todos los veranos hasta su fallecimiento y sepelio en Málaga. Esta es la causa de que dentro del bloque que el Museo de Málaga le dedica en su área de Arte, la última obra datada del pintor se incluya en la primera de sus unidades expositivas relacionadas con su pintura vinculada a lo local, pues a pesar de su residencia foránea se mantuvo vinculado al círculo malagueño y, tras la jubilación en 1918, Antonio Muñoz Degrain se trasladó definitivamente a Málaga en 1923, tras recibir el año anterior un cálido homenaje. 

La presente obra está en estrecha relación con la construcción y exorno de la nueva Casa Consistorial que se estaba construyendo a principios del siglo XX en terrenos ganados al mar, sobre los que se había diseñado un elegante parque público en la línea de los salones burgueses europeos, cuajado de gran cantidad de ejemplares botánicos exóticos, crecidos ferazmente por la benignidad de nuestro clima. El Salón de Plenos de la nueva Casona del Parque incluyó en la decoración pictórica la representación del heroico episodio en el que se había distinguido la población malagueña, al intervenir en el salvamento de la tripulación de la goleta alemana Gneissenau naufragada a escasa distancia del puerto de Málaga. El comportamiento solidario, el valiente rescate y la capacidad organizativa del auxilio demostrada por la anónima población de la ciudad fueron reconocidos tanto por el estado alemán como por la corona española, concediendo por Real Decreto de la reina María Cristina en 1901 la divisa heráldica de “Muy Hospitaria” para nuestro escudo. 
 
Antonio Muñoz Degrain fue el seleccionado por el Consistorio en 1920 para enfrentar dicho episodio, quien debió ejecutarlo en su estudio madrileño para luego trasladarlo e instalarlo en el Ayuntamiento malagueño. Las tres mil pesetas en las que el pintor valoró su obra fueron donadas para instituir un premio extraordinario destinado a aquellos alumnos más aventajados de su Escuela de Bellas Artes. 


Decoración del Salón de Plenos, fondos fotográficos del legado José Nogales Sevilla, expuesta en 1933 
junto a la obra de Igueriben en la Sala Muñoz Degrain
Museo de Málaga

Pocos años después, Antonio Muñoz Degrain completó su presencia en el exorno del nuevo Ayuntamiento malagueño mediante una nueva donación. Esta vez se trató de una epopeya de malagueños en tierras africanas durante la Guerra del Riff: la defensa en 1921 del puesto de Igueriben por el comandante Julio Benítez Benítez (El Burgo, Málaga, 1878 - Igueriben, Marruecos, 1921) y sus tropas. No fue ésta la primera vez que el pintor se había sentido profundamente impresionado por la valentía que demostraron algunos conciudadanos en la Guerra de Marruecos, y en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904, donde recibió la Medalla de Honor por Jesús en el lago Tiberiades,  ya había presentado: El cabo Noval. Un episodio de la Guerra del Riff (Museo de Valencia), obra muy controvertida en las crónicas de la época y por la que recibió la distinción con la Orden de Alfonso XII.

Según crónica periodística de Muñoz Estrada para la “Unión Mercantil” de 25 de agosto del año 1923, la obra debió de ejecutarse en ese año en el taller de calle Victoria, incluso dejando otros encargos que ya tenía en curso para poder donarla a la alcaldía durante su presidencia por José Gálvez Ginachero. Una vez instalada en la Casa Consistorial, al pintor no le satisfizo la impresión que causaba en su definitivo emplazamiento, por lo que se devolvió al estudio donde Muñoz Degrain aumentó las dimensiones de la obra mediante el cosido de una nueva banda de lienzo en su lateral izquierdo. Durante la realización de las modificaciones requeridas para el definitivo acomodo de la obra en su emplazamiento, a Muñoz Degrain le sobrevino la enfermedad que puso fin a su vida en octubre de 1924. 

La testamentaría del pintor aumentó con algunos bienes culturales de su propiedad el ya amplio legado pictórico de 1915, por lo que el Consistorio decidió no colocar la obra en su destino y depositarla con el resto de bienes donados en el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga. En la cuarta reimpresión al Catálogo General del Museo Provincial de 1920, aparecido varios años después de esta primera edición, ya se recoge con el número 804 como depósito del Ayuntamiento, y en la ampliación del Catálogo del Museo de 1933, editada su quinta reimpresión en el año 1944, Rafael Murillo Carreras ya subrayaba la declamatoria presentación de la epopeya militar:

Benítez, envuelto en la sagrada bandera de España, es saludado, con respetuosa reverencia por el jefe de taifa, que monta sobre un caballo enjaezado con alamares y sedas verdes, color preferido del Profeta.

En 1912 algunas áreas del territorio marroquí pasaron del protectorado francés al español, bajo un acuerdo que evitase la amenaza de intervención en la zona por alemanes e ingleses. Las tribus rifeñas se sublevaron contra sus protectores en 1921, capitaneadas por Abd-al-Krim, por lo que el comandante Benítez, destacado en la guarnición de Sidi Dris, recibió la orden de defender el flanco sur de Annual desde las trincheras de la ladera del monte Igueriben. Los cinco días que duró el asedio fueron tremendamente cruentos, a pesar de que el 17 de julio de 1921 el General Manuel Fernández Silvestre ya había ordenado el abandono del puesto. El título de la obra subraya en línea panegírica del acontecimiento un escueto párrafo del telegrama de respuesta a Fernández Silvela: “Los de Igueriben mueren pero no se rinden”. Las crónicas militares narran un heroísmo con escasos precedentes pues, declarando que en el atrincheramiento sólo existían doce cargas de cañón, el comandante Benítez urdió su empleo para hostigar a los rifenos y, tras su agotamiento, ser la señal para que las tropas españolas atacasen con artillería el puesto, inmolándose a favor de la destrucción del máximo número de enemigos. Tras el desembarco de Alhucemas, que puso fin a la sublevación, los bravos soldados de la defensa de Igueriben fueron enaltecidos como máxima expresión del patriotismo nacional.

 

Instalación de la obra en la Sala Muñoz Degrain del Museo Provincial de Bellas Artes en los locales de San Telmo
© Rafael Murillo Carreras, 1933



La obra ocupó la sala dedicada a Muñoz Degrain en su nuevo emplazamiento en locales cedidos por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, junto a la Escuela de Bellas Artes en el exclaustrado colegio jesuita en la actual Plaza de la Constitución, en cuyas ilustraciones se aprecia la existencia de un antiguo marco con amplias cartelas recortadas que explicitaban con enardecidos textos las hazañas bélicas de Igueriben y orientaban sus claves de lectura. Conservadas hoy entre los fondos del Museo de Málaga, podemos leer:

Sólo quedan doce cargas de cañón que em/pezaremos a disparar para rechazar el/ asalto. Contadlas y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros, pues moros y /españoles estaremos envueltos en/ la posición/ BENÍTEZ”.  



Cartela inferior del antiguo marco de la obra, Museo de Málaga
© Del autor

La composición se abre a una extensa panorámica sobre los campamentos rifeños que asediaron el baluarte de Igueriben, cuya escena central la ocupa el plano inferior más próximo al espectador, que centra Julio Benítez sobre la bandera nacional a modo de santo sudario. El personaje se encuentra flanqueado por dos escenas en la que un imán se encarga del transporte en féretro de algunos caídos entre sus filas, mientras que en el extremo opuesto uno de sus cabecillas parece estar dando órdenes sobre la ocupación de la plaza por el grupo de rifeños más cercanas al parapeto desde el que momentos antes disparaban los atrincherados. Los colores son intensos en una atmósfera limpia y clara, mientras la pincelada es suelta en la definición de las figuras y las duras sombras bajo la intensa luz solar. La atmósfera sofocante apenas mueve los paños en los que se envuelven los asaltantes y las diseminadas hogueras del horizonte elevan con pesadez sus penachos de blanquísimo humo, mientras el cielo es un manto plano de añil. Los colores se emplean sin apenas gradaciones, que crean volumen y caracterizan formas por la proximidad de nuevas cargas de pigmento, en una obra de rápida ejecución. 

 

La obra durante su almacenaje previo al montaje en el Palacio de la Aduana en 2016, 
con bandas de protección y refuerzo del nuevo marco
© Del autor

 La sacra concepción del martirio de Julio Benítez, casi en solitaria inmolación en el altar de Igueriben, plantea la admiración entusiasta del pintor valenciano por la gesta militar conocida, en que el macilento mártir aún conserva extenuadas fuerzas para señalarnos la frase que, a modo de rápido grafiti, recorre el interior del muro de defensa: Los de Igueriben prefieren la muerte a la rendición Viva España, firmada sobre su base por Julio Benítez y a cuya ejecución se ha comprometido, rubricándola con las huellas digitales de su sangre.

Su amplio formato, intenso cromatismo y llamativa composición formal, con una intensa diagonal que marca el primer plano con los fondos, integran la línea de fuerte atracción que impele al visitante, desde el abandono de la anterior crujía del museo, a continuar la visita dejándose seducir por la hazaña del comandante Benítez en Igueriben.
 

 

Exposición permanente de Igueriben en el Palacio de la Aduana, planta primera Arte
© Del autor, 2016

Desde nuestra actual perspectiva, nos causan sentimientos encontrados la entronización sacralizadora de los fallecidos en Igueriben, sobre unos acontecimientos aún no superados respecto a nuestro papel con la defensa y apoyo del pueblo saharaui, pero que debemos leer con las claves de los primeros años del siglo XX: la debilidad de una corona que necesitaba de estos gestos patrióticos para su supervivencia y una opinión pública polarizada entre la defensa o la demonización de nuestro papel en el protectorado norteafricano, de lo que la obra de Antonio Muñoz Degrain es un magnífico documento histórico.
 
Bibliografía

ÁLVAREZ RUBIERA, A. y TENORIO VERA, R. (2000), Primeras Donaciones: 1916-1930. Museo de Málaga, Madrid.
CHAVES GUERRERO, Elisa Isabel (2008), “Muñoz Degrain, renovando la pintura de historia: Los de Igueriben mueren; informe sobre su propiedad“, Museo y Territorio 1, Málaga, Ayuntamiento de Málaga, Área de Cultura, MUPAM, pp. 143-144.
GARCÍA ALCARAZ, Ramón (1996), Antonio Muñoz Degrain. Valencia, 1840- Málaga, 1924 [Museo San Pío V, Valencia, abril-mayo 1996], Valencia.
MUÑOZ ESTRADA (1923), “Homenaje a Muñoz Degrain y Salvador Rueda”, La Unión Mercantil de 25 de agosto, p. 3.
MURILLO CARRERAS, Rafael (1920), Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga. Catálogo general [4ª ed.], Málaga. Tipografía de M. Rodríguez [s.a.], p. 133 (nº cat. 804).
MURILLO CARRERAS, Rafael (1944), Museo de Bellas Artes de Málaga (quinta edición 1933), Málaga, pp. 39-40.
OLALLA GAJETE, Luis F. (1980), Museo de Málaga. La pintura del siglo XIX, Madrid, Ministerio de Cultura, pp. 160-162.
PAZOS BERNAL, Mª  Ángeles (1986), “Antonio Muñoz Degrain y el Museo de Malaga”, Boletín de Arte 7, Málaga, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Málaga, p. 149.
SAURET GUERRERO, Teresa (2004), Tradición e innovación en el Museo de Málaga (1850-1949). [Palacio Episcopal de Málaga, febrero – mayo 2004]. Sevilla, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, p. 61.
SAURET GUERRERO, Teresa (2008), Muñoz Degrain y las poéticas paisajísticas fin de siglo en Málaga [Museo del Patrimonio Municipal, 10 de diciembre de 2007 a 30 de marzo de 2008], Málaga, Ayuntamiento de Málaga, Área de Cultura, pp. 54-61.

sábado, 24 de marzo de 2018

Placas fotográficas de “La fundación de Buenos Aires” de José Moreno Carbonero en el Museo de Málaga


“La fundación de Buenos Aires” [1924], placa fotográfica sobre cristal. Museo de Málaga



En el año 2014 redacté un breve texto para responder a la consulta sobre una investigación que documentaba un repostero textil propiedad del Instituto de Historia y Cultura Militar con representación de una escena que se pensó formaba parte de las colecciones del Museo de Málaga, inspirada en “La fundación de Buenos Aires” del pintor malagueño José Moreno Carbonero (Málaga, 1858 – Madrid, 1942), realizado por J. León Jordán. A parte de confirmar que la obra era propiedad del Ayuntamiento de Málaga, concluí que la composición más próxima al repostero es la versión que el pintor realizó en Madrid en 1910, actualmente reproducida en un lienzo del Museo de Bellas Artes de la capital Argentina.

Ese texto es base de la presente entrada, donde desentrañamos las razones en la selección del maestro malagueño para enfrentar esta gran composición histórica en torno a la segunda fundación de la ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, hoy Buenos Aires, el sábado 11 de junio de 1580 por la expedición encabezada por Juan de Garay en nombre de su soberano, Felipe II. La obra estuvo destinada a la presidencia del Salón de Honor del Palacio Municipal bonaerense durante los actos conmemorativos del centenario de la revolución del 15 de mayo de 1810, origen de la independencia de la República Argentina. Para la celebración de tan destacado evento, el gobierno español  envió una comisión en representación del país bajo la presidencia de la infanta Dª Isabel de Borbón, tía paterna de Alfonso XIII, en cuya comitiva la obra llegó a Argentina el día 11 de junio de 1910, lo que ha creado la confusión -difundida en algunos textos consultables en la red- de que se trató de un regalo del monarca español al pueblo argentino, cuando está perfectamente documentado el encargo al pintor por la municipalidad de Buenos Aires del cuadro, que le abonó treinta mil pesetas de la época.

 El encargo de dicha obra a un artista español se le encomendó al historiador argentino Juan Peña, quien se había desplazado a España en 1909 para realizar una exhaustiva investigación sobre la figura de Juan de Garay en los archivos históricos españoles, especialmente en el Archivo General de Indias en Sevilla. Tras informarse sobre los más afamados pintores españoles en composiciones de historia, decidió que el contrato de ejecución debería formalizarse con José Moreno Carbonero por indicación de Vicente G. Quesada, ministro plenipotenciario en España de Argentina. Ambos personajes coincidieron en que la necesaria meticulosidad en la representación de los acontecimientos históricos de 1580 aconsejaban el encargo a Moreno Carbonero, obsesivo en la inspiración sobre relatos y crónicas coetáneos a los hechos históricos y en la reunión de aquellos objetos de anticuario que dotasen de veracidad fidedigna a la ambientación de la obra. Moreno Carbonero inició en su residencia madrileña su composición y ejecución. Por su estudio desfilaron numerosos modelos con la indumentaria de época e incluso se pintaron en los jardines del madrileño hotelito para reproducir con fidelidad al aire libre los efectos lumínicos de la escena. 



“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1910], Museo de Bellas Artes de Buenos Aires


Numerosas armas y cruces de las empleadas para composiciones de historia 
en la residencia de Moreno Carbonero. ABC de Sevilla, 18 de febrero de 1934 
(foto Duque). © Hemeroteca de ABC

No obstante, la premura con que el consistorio bonaerense reclamó la obra no permitió la meticulosidad histórica que Moreno Carbonero acostumbraba. La llegada a Buenos Aires de la primera composición firmada en 1910 fue de gran éxito público y numerosas las enhorabuenas recibidas por el pintor, siendo los primeros parabienes los de Alfonso XIII y su tía paterna, Dª Isabel de Borbón, que visitaron el estudio del artista para contemplar el cuadro antes de su salida hacia Argentina, visita que fue determinante para la difusión masiva en prensa de la composición original entre abril de 1909 y junio de 1910. Rodrigo Gutiérrez y Elisa Radovanovic nos informan de que la fascinación del rey por la obra fue tal que en su dormitorio colgó uno de los bocetos ejecutados por Moreno Carbonero como modelo del retrato con reluciente yelmo de Juan de Garay, un estudio preparatorio para la composición de su primera versión, pues en la posterior desaparece el aspecto militar de Garay por una imagen más cortesana. Ya en Buenos Aires, formó parte de su Exposición Internacional de Bellas Artes antes de su presentación en el Salón de Sesiones del Banco Municipal, donde se suscitó una agria polémica que determinó el cambio de composición y representación de personajes por Moreno Carbonero.

El origen de la polémica pivotó en torno a la renovación de una antigua historia que suponía la existencia de un retrato auténtico de Juan de Garay, obra que en 1877 había adquirido el coronel Luis Jorge Fontana, cuya autentificación se encargó a los pintores Bernardo Troncoso y Antonio Contrucci y a un comité de expertos historiadores quienes tras meticulosos análisis concluyeron sobre la autenticidad de la obra y su datación en el siglo XVI, acusando al pintor malagueño de inventar un rostro más propio de un “honrado peón del arsenal de Madrid” que del héroe nacional. En este punto, son coincidentes los relatos de Gutiérrez y Radavanovic con las investigaciones de la profesora Teresa Sauret Guerrero, quienes atribuyen el aumento de la virulencia en la polémica a la participación del investigador Martiniano Leguizamón, quien vertió serias dudas sobre la interpretación de Moreno Carbonero en torno a la figura de Juan de Garay, precipitándose a la hora de emplear modelos más propios del Duque de Alba o del militar Antonio de Leiva. A esta polémica sobre la verdadera representación del personaje principal de la narración plástica se sumaron serias dudas sobre la iluminación de la obra, ya que al realizarse en España no tuvo en cuenta las diferencias entre ambos hemisferios, así como errores en la representación vegetal y en la indumentaria del único indio aborigen pintado.    

En cualquier caso, todos estos aspectos quedaron en suspenso hasta octubre de 1921, cuando la obra se expuso en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. En ese año, José Moreno Carbonero solicitó por carta de 8 de agosto de 1922 a su director, el Dr. Juan A. Echayde, la devolución de la obra por la municipalidad bonaerense para su reelaboración, enviando un apunte donde pudiese valorarse la notable reforma que pretendía sobre la composición. En diciembre de este año se tomó el acuerdo municipal de remitir el lienzo a España, saliendo de Argentina el 2 de julio de 1923 junto a una serie de anotaciones y apuntes del Dr. Echayde para el pintor sobre la correcta iluminación de la escena según la hora del día en que se produjo la fundación en ese hemisferio, el exacto color que el río de La Plata y la línea de costa debían ofrecer y sobre el número y atuendo de los indios que era necesario incorporar a la composición en aras de la fidelidad histórica de la escena. La entrega en Madrid le correspondió en un gesto muy protocolario a don Carlos Estrada, embajador plenipotenciario de la Argentina en España, poniéndose rápidamente al trabajo Moreno Carbonero, quien terminó la reforma en pocos meses. En marzo del año 1924 se dio a conocer la nueva versión en Argentina, gracias a un artículo de José María Salaverria en la revista Plus Ultra.  


“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1924]. Salón Blanco del Palacio Municipal de Buenos Aires

La obra fue recrecida por el pintor y se modificó sustancialmente la figura central de Juan de Garay y la disposición de todo su primer término, donde desaparecieron los pocos expresivos enseres y pertrechos entre perros para incorporar un nutrido grupo de indios, situados de espaldas al espectador. Además, es interesante señalar un apunte significativo a lecturas de género sobre la obra: la inclusión de Ana Díaz. La composición original no contó con ningún personaje femenino, cuando las crónicas mencionaban la presencia de una mujer entre el grupo de personajes fundadores, afirmándose además que Ana Díaz recibió por ello en repartimiento un importante lote de tierras. Así, Moreno Carbonero la incluyó entre don Alonso Martel de Guzmán y el padre Rivadeneyra, que quedan más prietos por el recrecimiento del grosor de la picota que centra la composición del original de 1910.  

Antes de su devolución a Argentina, la composición se expuso en el Salón de Fiestas del Ayuntamiento de Málaga en el mes de junio de 1924, durante los actos en honor de José Moreno Carbonero electo como Hijo Predilecto de la ciudad, para cuyo agradecimiento realizó una réplica de la obra y la donó a la corporación municipal, de lo que es expresiva su firma: “J. Moreno Carbonero / Al municipio de Málaga, 1924”. Las dimensiones de la obra malagueña son muy inferiores a la bonaerense, ya que la primera mide 69,00 x 105,00 centímetros frente a los 240,00 x 400,00 centímetros de la segunda, una vez recrecida, aunque es fiel reproducción de la reforma de la obra realizada entre 1923 y 1924. La original fue presentada en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires como deferencia al Dr. Echayde el 4 de septiembre de 1924, pasando de nuevo al Salón de Honor del Palacio Municipal el año 1942, coincidente con el fallecimiento del pintor en Madrid. 


“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1924]. Salón Blanco del Palacio Municipal de Buenos Aires


Por otra parte, en el año 1936 ingresó en el Museo Histórico Municipal, hoy Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, el boceto de la obra que guarda actualmente memoria de la primera composición de 1910, aunque creo que no posee firma, ni atribución directa a José Moreno Carbonero. 

En el Homenaje al glorioso maestro, publicado por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en 1943, se reprodujeron ambas versiones en sus láminas cuarenta y seis y cuarenta y ocho, donde Rafael Murillo Carreras, primer director del Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, explicó que: la primera fue el encargo original de 1910, sobre la que posteriormente el autor introdujo grandes reformas; y la corregida por Moreno Carbonero a sus expensas en 1924, la segunda, y cuyo boceto –creo que empleada la palabra en su acepción de rápida composición o cuadro de gabinete, no como obra preparatoria- fue el que se regaló al Ayuntamiento de Málaga. 



“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1924]. Ayuntamiento de Málaga
Museo del Patrimonio Municipal de Málaga (MuPAM)


Murillo Carreras evitó en su texto dar pábulo a las polémicas suscitadas entre los eruditos argentinos sobre la invención en la representación de la escena, sino que atribuye a Moreno Carbonero el prurito de desear mejorar la obra a sus expensas tras revolver archivos y bibliotecas durante un año, realizar gran cantidad de apuntes sobre retratos antiguos, telas y armaduras de época e indagar en la existencia de los indios guaraníes. También acude a palabras del pintor para describir la composición: 

“El sitio donde se desarrolla la escena es la Plaza de Mayo actual; por el efecto de la luz solar se puede calcular las nueve o diez de la mañana; el espectador mira al Norte, que corresponde al centro del cuadro. En este sitio está elevado el símbolo de la ciudad representado por el rollo público como árbol de la Justicia o picota, que así se denominaba. En muchos pueblos de España aún existen esas grandes columnas de piedra con sus graderías, en la plaza pública. De la misma forma se ven dibujadas en antiguos planos de ciudades de América. Se ordenó, entonces, que donde no hubiera piedras para su construcción se hicieran de madera, para lo cual emplearían el tronco de un árbol grande que recordara por su forma el tradicional emblema; y así se hizo en Buenos Aires. Clavado en el madero hay un pergamino con el bando que Garay mandó publicar, que decía así Ninguna persona sea osado a le quitar, batir ni mudar so pena de muerte natural y así lo proveyó y mandó ante testigos el capitán general Juan de Garay, —Pedro de Xerez, escribano público del Cabildo y Gobernación. En la línea de la costa que va hacia el Norte se ven las barrancas que dan frente al río; el recodo que forma el final corresponde al sitio llamado hoy el Retiro; viéndose, a lo lejos, anclada en las turbias aguas, la carabela San Cristóbal, de Buenaventura, en cuya bandera blanca vese la Cruz de San Andrés. Este fue el primer barco que se construyó en Paraguay, y que condujo desde la Asunción a la mayor parte de los expedicionarios, pues, por tierra, vinieron al mando del capitán Vera y Aragón, sobrino del Adelantado, los conductores de gran cantidad de ganados, así como de carros, pertrechos, alimentos, ropas e indios servidores, pues, por privilegio real, los pobladores de las provincias del Plata eran encomenderos. Estos indios pertenecían a la casta guaraní, pues los pobladores del territorio los querandíes, eran enemigos acérrimos de todo dominio extranjero. A la izquierda se extiende la llanura cubierta de pastos y las tolderías de los indios. En la actitud de Garay había que dar idea del retrato moral que nos han legado sus contemporáneos del gran conquistador, capitán valeroso y esforzado (así decían de él sus soldados) insigne gobernante, leal vasallo del Rey, hombre sencillo y desprendido con los necesitados, y terror de los indios enemigos. Esta figura, creo, expresa mejor que la anterior de este personaje, que tendría entonces cincuenta años. Su actitud en la ceremonia de la fundación es: cuando ante el estandarte real y la Cruz alzada, tendida por el franciscano padre Rivadeneyra, y según dice el acta levantada por el escribano público Pedro de Xerez … echó mano a su espada y cortó yerba y tiró cuchilladas y dixo que si había alguno que se lo contradiga y parezcan presente…; no pareció nayde que contradixere…, tomó posesión, entonces, en nombre del Rey Felipe II, el sábado 11 de junio de 1580. Viste Garay sayo de armas y capotillo vizcaíno de paño pardo, por el cuello entreabierto se ve el gorjal y la coraza de hierro con la banda carmesí de capitán general. Las mangas son de malla, y las calzas atacadas, de piel, cubriendo su cabeza el bonete con plumas. Tiene Pedro de Quirós el estandarte real como regidor más antiguo, viste coleto de terciopelo carmesí, con mangas y trusa azules, bohemio con mangas, echado sobre el hombro, calzas atacadas de cuero y sombrero de rizo. A la izquierda, cerca del rollo, Don Álvaro Martel de Guzmán, segundo alcalde ordinario, natural de Sevilla, viste coleto acuchillado de ante, traje negro y capa de paño verde, lleva en la derecha el alto bastón de su cargo; a su lado, Ana Díaz, madre de uno de los pobladores, única mujer que entró en el repartimiento; cerca del padre Rivadeneyra, se ve algo de su compañero el padre Picón, y aparece también la cabeza de un mestizo. Detrás de Pedro de Quirós hay un arcabucero; cubre la cabeza con copete de hierro y plumas; viste coleto de cuero y cruzado con la bandolera de los cartuchos y polvoreros, gregüescos amarillos y armado de arcabuz y espada; a su izquierda, está Pedro Fernández, uno de los supervivientes de la expedición de Mendoza, fundador en 1535 de la primera Buenos Aires, destruida por los indios; era escribano público y acompañó a Garay para indicarle el sitio donde se fundó, y que Garay desechó por el actual. A su izquierda, Rodrigo Ortiz de Zarate, primer alcalde ordinario con su atributo; éstos, por sus apellidos, eran señores de noble origen, y para ese acto llevarían sus trajes de fiesta, aunque muy deteriorados. En primer término, uno de los soldados paleros, y detrás regidores, arcabuceros y toda clase de colonos. A la derecha del cuadro, Pedro de Xerez, levantando el acta; viste la garnacha propia de su cargo, y en la cabeza, el capelete negro; a su lado, Juan Fernández de Enciso, procurador. Un indio tiene de la brida el caballo andaluz de Juan de Garay, y detrás, sobre un alazán, Alonso de Vera y Aragón (por mote Cara de Perro), capitán de la caballería. Entre estos grupos, y a lo lejos, se ven los obreros que hacen las zanjas para las nuevas edificaciones. Esparcidos y rastreando por el suelo, casi como fieras, algunos indios presencian la escena con curiosidad: son de rostros feroces, tienen armada una tienda de cuero de caballo y una india amamanta a su crío. Se envuelven en mantas con cuero de guanacos, vicuñas y otros animales. De las vinchas que les sostienen los lacios cabellos arrancan las vistosas plumas; sus armas son arcos y flechas y algunos llevan las boleadoras arrolladas sus cuerdas a la cintura sobre el chiripá, arma terrible en sus manos. Algunas caras aparecen embadurnadas con pinturas y tatuajes y adornadas con medias lunas y orejeras de metal. En primer término he colocado los utensilios de trabajo y la maroma con que elevaron el grueso madero. He procurado que al primer golpe de vista se destaquen, sobre todo, los símbolos de la colonización, o sean la Religión, la Justicia y la Conquista, representadas por la cruz, el rollo y la espada de Garay ante el estandarte real de España”. 

No me resisto a que conozcan la íntegra descripción de la obra en palabras de Moreno Carbonero, trascritas por su coetáneo Murillo Carreas en 1943.  

Para la ilustración de esta publicación en homenaje al pintor se reunieron hasta 170 fotograbados en el año 1942 de sus obras, conservados en planchas fotográficas sobre cristal en el Museo de Málaga y restauradas a principios de 2005, cuando se incorporaron a los fondos museográficos de la institución desde el archivo documental donde no se encontraban inventariadas, entre las que destaca el legado fotográfico de Rafael Murillo Carreras, primer director del Museo, pintor y fotógrafo. 


“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1910], plancha fotográfica sobre cristal
Inventario 2115, Museo de Málaga


“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1924], plancha fotográfica sobre cristal
Inventario 2117, Museo de Málaga


Bibliografía:
BALMACEDA, Daniel (2011), Biografía no autorizada de Sudamérica. 1910, Buenos Aires, Editorial Sudamericana.
GUTIÉRREZ VIÑUALES, Rodrigo y RADOVANOVIC, Elisa (1995), “Moreno Carbonero, pintor de la historia fundacional de Buenos Aires”, Boletín de Arte, 16, Málaga, Universidad de Málaga, Departamento de Historia del Arte, pp.
MORALES FOLGUERA, José Miguel y SAURET GUERRERO, Teresa (1990), Patrimonio artístico y monumental [V Aniversario de la constitución del Ayuntamiento de Málaga, 1489-1989], Málaga, Ayuntamiento de Málaga, Catálogo nº 30, pp. 293-294.
PUBLICACIONES DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN TELMO DE MÁLAGA (1943), Moreno Carbonero. Homenaje al glorioso maestro. Originales literarios de S. González Anaya, M. Prados y López, R. Murillo Carreras, A. Pons y R. de Verger, A. de Burgos Oms, L. Cambronero Antigüedad, J. Temboury y Álvarez, J. Prados López. Marqués de Lozoya, F. Bermúdez Gil, F. Bejarano Robles, J. Díaz Serrano, A. Ramírez Tomé y M. Tercero, con ciento setenta reproducciones en fotograbado. Fotografía de Laurent, Lacoste, Roig, Moreno, Ruiz Vernacci, Murillo Carreras, Zubillaga, Ruiz del Portal y otros. Fotograbados de Espasa Calpe s.a. y Furnells. Málaga, Imprenta Ibérica.
SAURET GUERRERO, Teresa (2008), José Moreno Carbonero. Homenaje en el 150 aniversario de su nacimiento 1858-1942 [Catálogo Exposición Museo del Patrimonio Municipal de Málaga, 16 de octubre de 2008 al 18 de enero de 2009], Málaga, Ayuntamiento de Málaga, Área de Cultura.