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sábado, 24 de marzo de 2018

Placas fotográficas de “La fundación de Buenos Aires” de José Moreno Carbonero en el Museo de Málaga


“La fundación de Buenos Aires” [1924], placa fotográfica sobre cristal. Museo de Málaga



En el año 2014 redacté un breve texto para responder a la consulta sobre una investigación que documentaba un repostero textil propiedad del Instituto de Historia y Cultura Militar con representación de una escena que se pensó formaba parte de las colecciones del Museo de Málaga, inspirada en “La fundación de Buenos Aires” del pintor malagueño José Moreno Carbonero (Málaga, 1858 – Madrid, 1942), realizado por J. León Jordán. A parte de confirmar que la obra era propiedad del Ayuntamiento de Málaga, concluí que la composición más próxima al repostero es la versión que el pintor realizó en Madrid en 1910, actualmente reproducida en un lienzo del Museo de Bellas Artes de la capital Argentina.

Ese texto es base de la presente entrada, donde desentrañamos las razones en la selección del maestro malagueño para enfrentar esta gran composición histórica en torno a la segunda fundación de la ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, hoy Buenos Aires, el sábado 11 de junio de 1580 por la expedición encabezada por Juan de Garay en nombre de su soberano, Felipe II. La obra estuvo destinada a la presidencia del Salón de Honor del Palacio Municipal bonaerense durante los actos conmemorativos del centenario de la revolución del 15 de mayo de 1810, origen de la independencia de la República Argentina. Para la celebración de tan destacado evento, el gobierno español  envió una comisión en representación del país bajo la presidencia de la infanta Dª Isabel de Borbón, tía paterna de Alfonso XIII, en cuya comitiva la obra llegó a Argentina el día 11 de junio de 1910, lo que ha creado la confusión -difundida en algunos textos consultables en la red- de que se trató de un regalo del monarca español al pueblo argentino, cuando está perfectamente documentado el encargo al pintor por la municipalidad de Buenos Aires del cuadro, que le abonó treinta mil pesetas de la época.

 El encargo de dicha obra a un artista español se le encomendó al historiador argentino Juan Peña, quien se había desplazado a España en 1909 para realizar una exhaustiva investigación sobre la figura de Juan de Garay en los archivos históricos españoles, especialmente en el Archivo General de Indias en Sevilla. Tras informarse sobre los más afamados pintores españoles en composiciones de historia, decidió que el contrato de ejecución debería formalizarse con José Moreno Carbonero por indicación de Vicente G. Quesada, ministro plenipotenciario en España de Argentina. Ambos personajes coincidieron en que la necesaria meticulosidad en la representación de los acontecimientos históricos de 1580 aconsejaban el encargo a Moreno Carbonero, obsesivo en la inspiración sobre relatos y crónicas coetáneos a los hechos históricos y en la reunión de aquellos objetos de anticuario que dotasen de veracidad fidedigna a la ambientación de la obra. Moreno Carbonero inició en su residencia madrileña su composición y ejecución. Por su estudio desfilaron numerosos modelos con la indumentaria de época e incluso se pintaron en los jardines del madrileño hotelito para reproducir con fidelidad al aire libre los efectos lumínicos de la escena. 



“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1910], Museo de Bellas Artes de Buenos Aires


Numerosas armas y cruces de las empleadas para composiciones de historia 
en la residencia de Moreno Carbonero. ABC de Sevilla, 18 de febrero de 1934 
(foto Duque). © Hemeroteca de ABC

No obstante, la premura con que el consistorio bonaerense reclamó la obra no permitió la meticulosidad histórica que Moreno Carbonero acostumbraba. La llegada a Buenos Aires de la primera composición firmada en 1910 fue de gran éxito público y numerosas las enhorabuenas recibidas por el pintor, siendo los primeros parabienes los de Alfonso XIII y su tía paterna, Dª Isabel de Borbón, que visitaron el estudio del artista para contemplar el cuadro antes de su salida hacia Argentina, visita que fue determinante para la difusión masiva en prensa de la composición original entre abril de 1909 y junio de 1910. Rodrigo Gutiérrez y Elisa Radovanovic nos informan de que la fascinación del rey por la obra fue tal que en su dormitorio colgó uno de los bocetos ejecutados por Moreno Carbonero como modelo del retrato con reluciente yelmo de Juan de Garay, un estudio preparatorio para la composición de su primera versión, pues en la posterior desaparece el aspecto militar de Garay por una imagen más cortesana. Ya en Buenos Aires, formó parte de su Exposición Internacional de Bellas Artes antes de su presentación en el Salón de Sesiones del Banco Municipal, donde se suscitó una agria polémica que determinó el cambio de composición y representación de personajes por Moreno Carbonero.

El origen de la polémica pivotó en torno a la renovación de una antigua historia que suponía la existencia de un retrato auténtico de Juan de Garay, obra que en 1877 había adquirido el coronel Luis Jorge Fontana, cuya autentificación se encargó a los pintores Bernardo Troncoso y Antonio Contrucci y a un comité de expertos historiadores quienes tras meticulosos análisis concluyeron sobre la autenticidad de la obra y su datación en el siglo XVI, acusando al pintor malagueño de inventar un rostro más propio de un “honrado peón del arsenal de Madrid” que del héroe nacional. En este punto, son coincidentes los relatos de Gutiérrez y Radavanovic con las investigaciones de la profesora Teresa Sauret Guerrero, quienes atribuyen el aumento de la virulencia en la polémica a la participación del investigador Martiniano Leguizamón, quien vertió serias dudas sobre la interpretación de Moreno Carbonero en torno a la figura de Juan de Garay, precipitándose a la hora de emplear modelos más propios del Duque de Alba o del militar Antonio de Leiva. A esta polémica sobre la verdadera representación del personaje principal de la narración plástica se sumaron serias dudas sobre la iluminación de la obra, ya que al realizarse en España no tuvo en cuenta las diferencias entre ambos hemisferios, así como errores en la representación vegetal y en la indumentaria del único indio aborigen pintado.    

En cualquier caso, todos estos aspectos quedaron en suspenso hasta octubre de 1921, cuando la obra se expuso en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. En ese año, José Moreno Carbonero solicitó por carta de 8 de agosto de 1922 a su director, el Dr. Juan A. Echayde, la devolución de la obra por la municipalidad bonaerense para su reelaboración, enviando un apunte donde pudiese valorarse la notable reforma que pretendía sobre la composición. En diciembre de este año se tomó el acuerdo municipal de remitir el lienzo a España, saliendo de Argentina el 2 de julio de 1923 junto a una serie de anotaciones y apuntes del Dr. Echayde para el pintor sobre la correcta iluminación de la escena según la hora del día en que se produjo la fundación en ese hemisferio, el exacto color que el río de La Plata y la línea de costa debían ofrecer y sobre el número y atuendo de los indios que era necesario incorporar a la composición en aras de la fidelidad histórica de la escena. La entrega en Madrid le correspondió en un gesto muy protocolario a don Carlos Estrada, embajador plenipotenciario de la Argentina en España, poniéndose rápidamente al trabajo Moreno Carbonero, quien terminó la reforma en pocos meses. En marzo del año 1924 se dio a conocer la nueva versión en Argentina, gracias a un artículo de José María Salaverria en la revista Plus Ultra.  


“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1924]. Salón Blanco del Palacio Municipal de Buenos Aires

La obra fue recrecida por el pintor y se modificó sustancialmente la figura central de Juan de Garay y la disposición de todo su primer término, donde desaparecieron los pocos expresivos enseres y pertrechos entre perros para incorporar un nutrido grupo de indios, situados de espaldas al espectador. Además, es interesante señalar un apunte significativo a lecturas de género sobre la obra: la inclusión de Ana Díaz. La composición original no contó con ningún personaje femenino, cuando las crónicas mencionaban la presencia de una mujer entre el grupo de personajes fundadores, afirmándose además que Ana Díaz recibió por ello en repartimiento un importante lote de tierras. Así, Moreno Carbonero la incluyó entre don Alonso Martel de Guzmán y el padre Rivadeneyra, que quedan más prietos por el recrecimiento del grosor de la picota que centra la composición del original de 1910.  

Antes de su devolución a Argentina, la composición se expuso en el Salón de Fiestas del Ayuntamiento de Málaga en el mes de junio de 1924, durante los actos en honor de José Moreno Carbonero electo como Hijo Predilecto de la ciudad, para cuyo agradecimiento realizó una réplica de la obra y la donó a la corporación municipal, de lo que es expresiva su firma: “J. Moreno Carbonero / Al municipio de Málaga, 1924”. Las dimensiones de la obra malagueña son muy inferiores a la bonaerense, ya que la primera mide 69,00 x 105,00 centímetros frente a los 240,00 x 400,00 centímetros de la segunda, una vez recrecida, aunque es fiel reproducción de la reforma de la obra realizada entre 1923 y 1924. La original fue presentada en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires como deferencia al Dr. Echayde el 4 de septiembre de 1924, pasando de nuevo al Salón de Honor del Palacio Municipal el año 1942, coincidente con el fallecimiento del pintor en Madrid. 


“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1924]. Salón Blanco del Palacio Municipal de Buenos Aires


Por otra parte, en el año 1936 ingresó en el Museo Histórico Municipal, hoy Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, el boceto de la obra que guarda actualmente memoria de la primera composición de 1910, aunque creo que no posee firma, ni atribución directa a José Moreno Carbonero. 

En el Homenaje al glorioso maestro, publicado por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en 1943, se reprodujeron ambas versiones en sus láminas cuarenta y seis y cuarenta y ocho, donde Rafael Murillo Carreras, primer director del Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, explicó que: la primera fue el encargo original de 1910, sobre la que posteriormente el autor introdujo grandes reformas; y la corregida por Moreno Carbonero a sus expensas en 1924, la segunda, y cuyo boceto –creo que empleada la palabra en su acepción de rápida composición o cuadro de gabinete, no como obra preparatoria- fue el que se regaló al Ayuntamiento de Málaga. 



“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1924]. Ayuntamiento de Málaga
Museo del Patrimonio Municipal de Málaga (MuPAM)


Murillo Carreras evitó en su texto dar pábulo a las polémicas suscitadas entre los eruditos argentinos sobre la invención en la representación de la escena, sino que atribuye a Moreno Carbonero el prurito de desear mejorar la obra a sus expensas tras revolver archivos y bibliotecas durante un año, realizar gran cantidad de apuntes sobre retratos antiguos, telas y armaduras de época e indagar en la existencia de los indios guaraníes. También acude a palabras del pintor para describir la composición: 

“El sitio donde se desarrolla la escena es la Plaza de Mayo actual; por el efecto de la luz solar se puede calcular las nueve o diez de la mañana; el espectador mira al Norte, que corresponde al centro del cuadro. En este sitio está elevado el símbolo de la ciudad representado por el rollo público como árbol de la Justicia o picota, que así se denominaba. En muchos pueblos de España aún existen esas grandes columnas de piedra con sus graderías, en la plaza pública. De la misma forma se ven dibujadas en antiguos planos de ciudades de América. Se ordenó, entonces, que donde no hubiera piedras para su construcción se hicieran de madera, para lo cual emplearían el tronco de un árbol grande que recordara por su forma el tradicional emblema; y así se hizo en Buenos Aires. Clavado en el madero hay un pergamino con el bando que Garay mandó publicar, que decía así Ninguna persona sea osado a le quitar, batir ni mudar so pena de muerte natural y así lo proveyó y mandó ante testigos el capitán general Juan de Garay, —Pedro de Xerez, escribano público del Cabildo y Gobernación. En la línea de la costa que va hacia el Norte se ven las barrancas que dan frente al río; el recodo que forma el final corresponde al sitio llamado hoy el Retiro; viéndose, a lo lejos, anclada en las turbias aguas, la carabela San Cristóbal, de Buenaventura, en cuya bandera blanca vese la Cruz de San Andrés. Este fue el primer barco que se construyó en Paraguay, y que condujo desde la Asunción a la mayor parte de los expedicionarios, pues, por tierra, vinieron al mando del capitán Vera y Aragón, sobrino del Adelantado, los conductores de gran cantidad de ganados, así como de carros, pertrechos, alimentos, ropas e indios servidores, pues, por privilegio real, los pobladores de las provincias del Plata eran encomenderos. Estos indios pertenecían a la casta guaraní, pues los pobladores del territorio los querandíes, eran enemigos acérrimos de todo dominio extranjero. A la izquierda se extiende la llanura cubierta de pastos y las tolderías de los indios. En la actitud de Garay había que dar idea del retrato moral que nos han legado sus contemporáneos del gran conquistador, capitán valeroso y esforzado (así decían de él sus soldados) insigne gobernante, leal vasallo del Rey, hombre sencillo y desprendido con los necesitados, y terror de los indios enemigos. Esta figura, creo, expresa mejor que la anterior de este personaje, que tendría entonces cincuenta años. Su actitud en la ceremonia de la fundación es: cuando ante el estandarte real y la Cruz alzada, tendida por el franciscano padre Rivadeneyra, y según dice el acta levantada por el escribano público Pedro de Xerez … echó mano a su espada y cortó yerba y tiró cuchilladas y dixo que si había alguno que se lo contradiga y parezcan presente…; no pareció nayde que contradixere…, tomó posesión, entonces, en nombre del Rey Felipe II, el sábado 11 de junio de 1580. Viste Garay sayo de armas y capotillo vizcaíno de paño pardo, por el cuello entreabierto se ve el gorjal y la coraza de hierro con la banda carmesí de capitán general. Las mangas son de malla, y las calzas atacadas, de piel, cubriendo su cabeza el bonete con plumas. Tiene Pedro de Quirós el estandarte real como regidor más antiguo, viste coleto de terciopelo carmesí, con mangas y trusa azules, bohemio con mangas, echado sobre el hombro, calzas atacadas de cuero y sombrero de rizo. A la izquierda, cerca del rollo, Don Álvaro Martel de Guzmán, segundo alcalde ordinario, natural de Sevilla, viste coleto acuchillado de ante, traje negro y capa de paño verde, lleva en la derecha el alto bastón de su cargo; a su lado, Ana Díaz, madre de uno de los pobladores, única mujer que entró en el repartimiento; cerca del padre Rivadeneyra, se ve algo de su compañero el padre Picón, y aparece también la cabeza de un mestizo. Detrás de Pedro de Quirós hay un arcabucero; cubre la cabeza con copete de hierro y plumas; viste coleto de cuero y cruzado con la bandolera de los cartuchos y polvoreros, gregüescos amarillos y armado de arcabuz y espada; a su izquierda, está Pedro Fernández, uno de los supervivientes de la expedición de Mendoza, fundador en 1535 de la primera Buenos Aires, destruida por los indios; era escribano público y acompañó a Garay para indicarle el sitio donde se fundó, y que Garay desechó por el actual. A su izquierda, Rodrigo Ortiz de Zarate, primer alcalde ordinario con su atributo; éstos, por sus apellidos, eran señores de noble origen, y para ese acto llevarían sus trajes de fiesta, aunque muy deteriorados. En primer término, uno de los soldados paleros, y detrás regidores, arcabuceros y toda clase de colonos. A la derecha del cuadro, Pedro de Xerez, levantando el acta; viste la garnacha propia de su cargo, y en la cabeza, el capelete negro; a su lado, Juan Fernández de Enciso, procurador. Un indio tiene de la brida el caballo andaluz de Juan de Garay, y detrás, sobre un alazán, Alonso de Vera y Aragón (por mote Cara de Perro), capitán de la caballería. Entre estos grupos, y a lo lejos, se ven los obreros que hacen las zanjas para las nuevas edificaciones. Esparcidos y rastreando por el suelo, casi como fieras, algunos indios presencian la escena con curiosidad: son de rostros feroces, tienen armada una tienda de cuero de caballo y una india amamanta a su crío. Se envuelven en mantas con cuero de guanacos, vicuñas y otros animales. De las vinchas que les sostienen los lacios cabellos arrancan las vistosas plumas; sus armas son arcos y flechas y algunos llevan las boleadoras arrolladas sus cuerdas a la cintura sobre el chiripá, arma terrible en sus manos. Algunas caras aparecen embadurnadas con pinturas y tatuajes y adornadas con medias lunas y orejeras de metal. En primer término he colocado los utensilios de trabajo y la maroma con que elevaron el grueso madero. He procurado que al primer golpe de vista se destaquen, sobre todo, los símbolos de la colonización, o sean la Religión, la Justicia y la Conquista, representadas por la cruz, el rollo y la espada de Garay ante el estandarte real de España”. 

No me resisto a que conozcan la íntegra descripción de la obra en palabras de Moreno Carbonero, trascritas por su coetáneo Murillo Carreas en 1943.  

Para la ilustración de esta publicación en homenaje al pintor se reunieron hasta 170 fotograbados en el año 1942 de sus obras, conservados en planchas fotográficas sobre cristal en el Museo de Málaga y restauradas a principios de 2005, cuando se incorporaron a los fondos museográficos de la institución desde el archivo documental donde no se encontraban inventariadas, entre las que destaca el legado fotográfico de Rafael Murillo Carreras, primer director del Museo, pintor y fotógrafo. 


“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1910], plancha fotográfica sobre cristal
Inventario 2115, Museo de Málaga


“La fundación de Buenos Aires” [Madrid, 1924], plancha fotográfica sobre cristal
Inventario 2117, Museo de Málaga


Bibliografía:
BALMACEDA, Daniel (2011), Biografía no autorizada de Sudamérica. 1910, Buenos Aires, Editorial Sudamericana.
GUTIÉRREZ VIÑUALES, Rodrigo y RADOVANOVIC, Elisa (1995), “Moreno Carbonero, pintor de la historia fundacional de Buenos Aires”, Boletín de Arte, 16, Málaga, Universidad de Málaga, Departamento de Historia del Arte, pp.
MORALES FOLGUERA, José Miguel y SAURET GUERRERO, Teresa (1990), Patrimonio artístico y monumental [V Aniversario de la constitución del Ayuntamiento de Málaga, 1489-1989], Málaga, Ayuntamiento de Málaga, Catálogo nº 30, pp. 293-294.
PUBLICACIONES DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN TELMO DE MÁLAGA (1943), Moreno Carbonero. Homenaje al glorioso maestro. Originales literarios de S. González Anaya, M. Prados y López, R. Murillo Carreras, A. Pons y R. de Verger, A. de Burgos Oms, L. Cambronero Antigüedad, J. Temboury y Álvarez, J. Prados López. Marqués de Lozoya, F. Bermúdez Gil, F. Bejarano Robles, J. Díaz Serrano, A. Ramírez Tomé y M. Tercero, con ciento setenta reproducciones en fotograbado. Fotografía de Laurent, Lacoste, Roig, Moreno, Ruiz Vernacci, Murillo Carreras, Zubillaga, Ruiz del Portal y otros. Fotograbados de Espasa Calpe s.a. y Furnells. Málaga, Imprenta Ibérica.
SAURET GUERRERO, Teresa (2008), José Moreno Carbonero. Homenaje en el 150 aniversario de su nacimiento 1858-1942 [Catálogo Exposición Museo del Patrimonio Municipal de Málaga, 16 de octubre de 2008 al 18 de enero de 2009], Málaga, Ayuntamiento de Málaga, Área de Cultura.


lunes, 24 de junio de 2013

Liberación de los cautivos de Málaga por los Reyes Católicos. José Moreno Carbonero (Málaga, 1858 - Madrid, 1942).


Moreno Carbonero, José (Málaga, 1858 - Madrid,1942)
Liberación de los cautivos de Málaga por los Reyes Católicos [1930]
Museo de Málaga



Actualmente, La liberación de los cautivos de Málaga es valorada como una de las obras históricas de Moreno Carbonero de dudosa calidad, quizá fruto de su avanzada edad cuando la ejecutó, aunque no tenemos ninguna duda que realizó el máximo esfuerzo por componer una complicada escena presidida por los soberanos y los cientos de famélicos cristianos que salieron del corral de los cautivos de la medina musulmana el 18 de agosto de 1487.
Tal fue el interés arqueológico mostrado por Moreno Carbonero, que para la composición de la escena se inspiró en el relato del viajero alemán Jerónimo Münzer: Viaje por España y Portugal, realizado entre los años 1494 y 1495.
Jerónimo Münzer narró el acontecimiento, sucedido unos pocos años antes de su visita, como: Conquistada Málaga por el rey, se le presentaron setecientos cincuenta y dos cristianos cautivos, tan extenuados por el hambre, que el rey les reconfortó con caldo de gallina y otros alimentos. Se hallaba entre ellos cierto alemán de Zurcí [sic], Enrique Murer, que padeció durísima esclavitud durante cuatro años. Apareció también entre los otros cautivos un anciano de luengas barbas, que afirmó llevar cautivo cuarenta y ocho años. Al cual dijo la reina: ¿Qué hubieras pensado si al primer año de tu cautiverio se te hubiera dicho: todavía no ha nacido tu redentor? A lo cual respondió acongojado: Me hubiera muerto de pena. Al salir los cautivos con una pequeña cruz de madera, gritaban a grandes voces: Llegaste, ¡Oh, Redentor del mundo!, que nos has liberado de las tinieblas del infierno. Se postraron en tierra el rey y la reina, diciendo entre abundantes lágrimas: ¡Oh, cruz, salve, esperanza única! ¡No a nosotros, sino a tu nombre se dé gloria! ¡Oh, cuánta tristeza mezclada con júbilo! (MÜNZER, Jerónimo, 1991: p.149)
Siguiendo el esquema de Francisco Pradilla (1848-1921) para la Rendición de Granada, la composición sitúa a los cautivos separados de los Reyes y su séquito por el carril terrero que conduce a la Puerta de Granada de la ciudad, que se abre para dejar salir a los cautivos del caserío musulmán. Los cautivos se agolpan, ya que deberíamos contar hasta 752, en el ángulo derecho de la composición, mientras que en el contrario se encuentran de rodillas los Reyes Católicos bajo palio, junto a los infantes y a Dª Beatriz Galindo, que sostiene en su regazo un perrito. La escena la centra un grupo de cautivos, algunos que salen famélicos y cargando con sus cadenas por el lateral izquierdo, mientras que cuatro se postran en el suelo en señal de gratitud y en el centro queda el anciano de luengas barbas, descrito por Münzer, que dialoga con los reyes narrando sus cuarenta y ocho años de cautiverio. Por su parte, aparecen las rudimentarias cruces de madera, una en manos del cautivo postrado más cercano al espectador en el centro de la composición y otra enarbolada por los cautivos que aún siguen saliendo de la ciudad por la gran puerta musulmana, que será la que posiblemente hará postrarse a los soberanos y exclamar: ¡Oh, cruz, salve, esperanza única! ¡No a nosotros, sino a tu nombre se dé gloria!
El verismo lo logra, como en el caso de Pradilla, situando la escena a las afueras de la ciudad, en el arrabal de la Fontanilla, lo que le permite mostrar como fondo las murallas medievales, presididas por la gran Puerta de Granada, y el abigarrado caserío interior que se adivina. La entonación brillante y viva del color es adecuada al mes estival en el que se desarrolla la escena, aunque como apunta Mª Concepción Barrios Escalante, los Reyes Católicos van demasiado vestidos para la temporada.


Muros de la Alcazaba. Museo de Málaga. 
Moreno Carbonero ya había enfrentado composiciones menores respecto de la Alcazaba malacitana, como apreciamos en un pequeño lienzo de los muros de la fortaleza islámica del Museo de Málaga, aunque tanto en composición como en ambientación de la escena debemos tener  también presentes modelos de su propia colección y extraídos de los cuadernos de apuntes que conservaba de sus viajes por España durante muchos años.


La fundación de Buenos Aires (1924). Excmo Ayuntamiento de Málaga. 
Quizás el precedente más directo sea la “La fundación de Buenos Aires”, obra de 1910 encargada al pintor por municipio bonaerense para conmemorar el Centenario de la Independencia de la República Argentina. Una vez terminado y entregado, Moreno Carbonero solicitó su devolución no satisfecho de la verosimilitud histórica de la que creyó que adolecía la obra, dedicando un año a indagar documentos en bibliotecas y archivos, y realizar copias de tejidos y armaduras antiguas, rebuscando todo dato necesario a la correcta ambientación de los colonizadores españoles y la apariencia de los indios guaraníes que poblaban las costas americanas. Moreno Carbonero regaló una copia de la obra bonaerense al Ayuntamiento de Málaga en 1924, por lo que en la concepción de la conquista malagueña debieron estar presentes las investigaciones personales sobre los acontecimientos históricos que había enfrentado en esta década. De hecho, uno de los hallazgos más felices de la fundación de Buenos Aires por Juan de Garay fue la presencia del amplio estandarte real en intenso rojo carmesí, que porta en su mano don Pedro de Quirós como el más antiguo regidor de los presentes, mientras a su lado el padre Rivadeneyra sostiene una cruz procesional de elevado mástil. Moreno Carbonero centra la escena de la presente obra con el estandarte real en carmesí, como en la anterior obra, con el escudo real correspondiente a los Reyes Católicos montado sobre un mástil que remate en cruz latina, reuniendo los dos elementos analizados en la composición bonaerense: estandarte y cruz procesional.
Lo más destacado de la obra es la actitud de profundo respeto por la narración histórica de los acontecimientos mostrada por Moreno Carbonero, buscando entre sus numerosos apuntes los mejores diseños y componiendo la escena siguiendo al pie de la letra la descripción de Münzer. Así, podemos deducir con facilidad que nos encontramos más ante una obra de estudio que de una composición de directa inspiración en el escenario real.

Apuntes Cuadernos de Viajes de José Moreno Carbonero. Museo de Málaga. 

Podemos rastrear en algunos de los apuntes que aparecen en sus cuadernos de viajes, hoy conservados en el Museo, rápidos bocetos sobre cascos, armaduras, estandartes y picas medievales empleados para este tipo de composiciones históricas, siendo quizá el ejemplo más expresivo la torre que emplea para cerrar la composición del caserío interno de la ciudad que se descubre enmarcada por el arco de herradura de la Puerta de Granada, que  nos recuerda más a los apuntes sobre las torres medievales de Medina de Rioseco que a la torre del homenaje malagueña.

La obra se exhibió en la Agrupación Artística Castro Gil en 1935, y fue presentada al año siguiente a la Exposición Nacional celebrada en el Palacio de Exposiciones del Retiro, en cuyo Catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes (Madrid, 1936), aparece con el número diecisiete colgada en la sala quinta, segunda de las obras de Moreno Carbonero, pues en la sala nueve presentó: Las bodas de Camacho, el rico.
La obra, que recibió feroces críticas, no supuso un duro golpe para el anciano artista, pues el jurado no pudo dar su fallo al clausurarse precipitadamente y devolverse las obras a sus autores por el estallido de la Guerra Civil. Ya entonces había decidido Moreno Carbonero donar la obra al Museo de su ciudad natal, aunque los acontecimientos vividos no permitieron su inmediata expedición a Málaga, preocupado como estaba el autor en abandonar él mismo Madrid, hecho que no logró hasta agosto del año 1937.
La Real Academia de Bellas Artes de Málaga intentó acelerar la llegada del lienzo al Museo Provincial, al que Moreno Carbonero donaba la obra, sin embargo no fue formalmente recibida hasta mayo de 1939, según se desprende de la lectura de las Actas académicas de ese año. El lienzo no llegó a Málaga hasta el mes de octubre, recibido por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en pleno, a cuyo frente se encontraba Salvador González Anaya, y por el Gobernador Civil: Francisco Prieto Moreno. 
Los discursos de ambos personajes cargaron de sentido político a la obra, realizando un parangón entre la liberación de Málaga por los Reyes Católicos y la realizada por las tropas nacionales. Suponemos que Moreno Carbonero no debió darle ese sentido a la obra, pues los estudios para su composición y el abocetado de la tela se realizaron en 1929 y la obra está firmada en 1930, aunque no mostró oposición a esta nueva carga política sobre la obra, donde incluso se llegó a afirmar que se trataba de un metafórico agradecimiento del pintor por su liberación de una checa, durante los años de resistencia republicana madrileña.
La prensa del nuevo régimen político se hizo amplio eco de la llegada de la obra al Museo Provincial, recibida en solemne acto el jueves 26 de octubre de 1939. Así la reproducción de la obra ocupó la portada del Sur del viernes 27 de octubre de ese año, así como del diario de la Falange Española Tradicionalista y de las Jons: Boinas rojas, que también llevó su reproducción a su portada ese mismo día. El Ideal en Málaga, editado en Granada y con redacción en la malagueña calle Císter 9, el mismo día publicó un amplio artículo con reproducción de la obra en su portada.
En enero de 1940 la Dirección General de Bellas Artes emitió Orden para que la obra participase en la exposición homenaje que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le realizó al pintor malagueño, regresando al museo en mayo de ese año.
La obra debemos encuadrarla en la producción final de Moreno Carbonero, una vez que se ha superado ampliamente el idealismo heroico de las composiciones de historia de las generaciones de pintores del siglo XIX, de la que él mismo fue un destacado ejemplo, y se desarrolla una plástica más expresionista, incluso rayando en algunos aspectos un carácter esperpéntico en la línea valleinclanesca, como observamos en la caracterización extrema del aspecto famélico de los cautivos, donde no podemos negar el excesivo extremismo del anciano artista. Sin embargo, la acertada composición de la escena, la intensa iluminación de colores brillantes y los detalles rigurosos en la ambientación ofrecen un interesante ejemplo de la pintura de historia que atesora el Museo de Málaga. X y se desarrolla una pl toda la en algunos aspectos su cargeneraciones de pintores del siglo XIX y se desarrolla una pl toda la

Bibliografía recomendada:
AA.VV., Moreno Carbonero. Homenaje al glorioso maestro. Málaga, Publicaciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, 1943.
BARRIOS ESCALANTE, María Concepción, “La toma de Málaga y la liberación de los cautivos por los Reyes Católicos. Cuadro de José Moreno Carbonero”, Jábega 55, Málaga, Diputación Provincial de Málaga, 1987, pp. 74-80.
MÜNZER, Jerónimo, Viaje por España y Portugal (1494 – 1495), Madrid, Ediciones Polifemo, 1991.