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lunes, 18 de mayo de 2015

Colecciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en el Museo de Málaga.




Entrada a la sala Degrain en el Museo de Bellas Artes en el antiguo colegio jesuita en la Plaza de la Constitución en torno a los años treinta del siglo XX. 

Antecedentes
La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo se creó por Real Decreto de 31 de octubre de 1849, aprovechando los años de pujanza de la capital malagueña para la promoción a través de las Artes de sus capacidades económicas, sociales y culturales en seguimiento de capitales andaluzas que ya las poseían como Sevilla, Cádiz y Granada; y enmarcada en las reformas estatutarias decretadas por el Gobierno de Isabel II en torno al año 1844, por la que se instaba a crear nuevas corporaciones de segunda clase a lo largo y ancho del país. La Ley de Instrucción Pública de 1857 confió al cuidado del Gobierno el establecimiento de un museo en cada una de las capitales de provincia de la nación, que para el caso local correspondió a la joven academia la formación de un Museo Provincial de Bellas Artes en Málaga desde 1852.


Retrato de D. José Seijas Lozano, integrante del gobierno de Isabel II,
 responsable del nuevo marco legal de las Reales Academias de Bellas Artes en
 España en 1844, encargo de la corporación a un joven
 José Moreno Carbonero para su sala de sesiones.
Las iniciativas fueron infructuosas desde un punto de vista institucional, no así en la formación de una colección que se emplease principalmente como material docente para los alumnos de la recién creada Escuela de Bellas Artes en 1851 y custodiada en el Real Colegio Náutico de San Telmo, de quien recibió su patronímico por acuerdo de 1883.

Con el Real Decreto de 24 de julio de 1913, por el que se crearon museos provinciales y municipales de Bellas Artes en aquellas capitales de provincia donde no existiesen, el Estado instituyó el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, creado en régimen de Patronato en 1915 e inaugurado en agosto del año siguiente. En esta coyuntura, ambas instituciones patrimoniales fueron concomitantes, por cuanto la Junta de Patronato se nutrió de los cargos electos de la corporación académica, desde su Presidente hasta un elevado número de sus vocales, y en tanto que el director del mismo fue nombrado de entre los académicos en su sección de pintura: Rafael Murillo Carreras.







Formación de las colecciones del Museo
La iniciativa de creación de un museo provincial destinado a las Bellas Artes en Málaga había quedado en suspenso tras el fallecimiento don José Freüler y Alcalá-Galiano, marqués de la Paniega, quien había sido su único presidente desde su creación hasta el inicio del siglo XX. Tras una decena de años sin apenas actividad, la nueva Junta directiva de la corporación académica reactivó el interés en la creación del Museo, para el que realizó un inventario de sus fondos en 1910.

El resultado de este inicial inventario es la base del Acta de depósito de las obras de la Real Academia de San Telmo el 18 de diciembre de 1915 en el Museo de Málaga. La titularidad de esta inicial colección museográfica no está correctamente discriminada en la mencionado acta, pues las colecciones iniciales se componían de:

A.                       Un grupo formado por obras propiedad directa de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo por adquisición o donación según criterios de: indudable valor patrimonial (obras del sevillano Bernabé de Ayala), obras adquiridas como ayuda económica a pintores y familias de académicos fallecidos (Murillo Bracho, Carolina Terán, viuda de Bernardo Ferrándiz) o directamente relacionadas con el exorno del salón de sesiones (Gutiérrez de León, José Moreno Carbonero, Antonio Muñoz Degrain, etc.). 
B.                       Un segundo grupo integrado por depósitos de otras instituciones, que se involucraron en la labor docente de la colección como medio de enseñanza a los alumnos de la Escuela de Bellas Artes de San Telmo, en dos grupos fundamentales: los depósitos estatales (alguna obra pictórica y una importante colección de grabados de creación -Alcaraz, Ricardo Baroja, Carlos Verger, etc. - y de colecciones de la Calcografía Nacional en 1857); y de la Diputación Provincial (obras de Emilio Ocón, Criado Baca, Enrique Simonet, etc.). En este caso, la titularidad nunca ha dejado de ser de sus legítimos propietarios. 
C.                       Un tercer grupo lo formó un confuso grupo de piezas procedentes de los distintos procesos desamortizadores sobre los bienes religiosos en la capital y provincia malagueñas, de cuyos conjuntos el más conocido es el grupo de ménsulas figuradas mudéjares procedentes del desmonte del desamortizado convento de La Merced. En este caso, la titularidad no es de la corporación académica que actuaba como organización de tutela de estos bienes de propiedad estatal, y así el artículo 2.1 del Real Decreto de 1913 establecía el ingreso en los museos creados de: las pinturas, grabados, estatuas, relieves y demás objetos de arte procedentes de las extinguidas órdenes monásticas y cedidos en calidad de depósito por el Estado a las corporaciones de la provincia.



Busto de D. José Freüller, marqués de la Paniega, primer 
presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo,
 bronce de Rafael Gutiérrez de León [1888]. 

En las actas de la Academia de Bellas Artes de San Telmo constan algunos de estos ingresos procedentes de exclaustraciones, como los desmontes del convento de Santa Clara recogidos en acta de 23 de enero de 1869. 

El traslado de la sede del Museo Provincial de Bellas Artes a los locales de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (1922-1961)
La primera sede del Museo en un piso de la calle Pedro de Toledo, desde su inauguración en 1916, fue cesión del Presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y nombrado del Patronato del Museo, el marqués de Casa Loring, por lo que el Museo físicamente no compartió en sus inicios inmueble con la corporación. No así la vida administrativa, pues las sesiones de las Juntas de Patronato quedan reflejadas mejor en las sesiones de la corporación académica, así como la documentación hasta prácticamente la década de los años sesenta se confunde en los archivos administrativos de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y del Museo. No obstante, la producción documental de esos años es exigua si lo comparamos con la tramitación administrativa posterior a la reunión de los dos museos provinciales -de Bellas Artes y Arqueológico- en el Museo de Málaga por disposición ministerial de 1973, año en que se desvinculan totalmente a pesar de que la Real Academia continuó alojada en la sede museística en el Palacio de Buenavista.

En 1922, el propietario del inmueble que ocupaba el Museo lo vendió a la corporación teresiana y el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga se trasladó a los locales de los que disponía la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en el antiguo colegio jesuítico de la actual Plaza de la Constitución de Málaga, donde se logró una confusión mayor entre ambas instituciones, pues ya se compartieron: inmueble, colecciones, administración y personal.

El incremento de colecciones de la academia se reduce, durante estos años, a la primera de las vías del apartado anterior, pues los depósitos de otras instituciones no suelen hacerse ya a través de la Academia, así como los depósitos estatales desde los años veinte y treinta a los sesenta que se realizan directamente al Museo Provincial. No obstante, incluso en el caso de obras donadas por sus autores a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo por diversas causas (ingreso como académico de número, correspondiente u honorario, donaciones de particulares, etc.), son agradecidas en ocasiones mediante misivas por los directores generales del ramo, como si sobre el Estado y su Museo recayese la propiedad y tutela de las obras donadas. 

El Museo de Bellas Artes de Málaga en el Palacio de los Condes de Buenavista (1961-1997)
En 1961 culmina el feliz alumbramiento de un proyecto largos años madurado, que pretendía unir los destinos de uno de los edificios históricos más emblemáticos y olvidados de la ciudad: el Palacio de los condes de Buenavista de la calle de San Agustín; y el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga -desde 1969 sólo Museo de Bellas Artes-, constreñido y asfixiado por los escasos locales de su anterior ubicación. En este caso, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo se traslada al inmueble compartido con el Museo, e invitada a permanecer en él desde 1973, reuniendo: Sala de Sesiones, archivo histórico-administrativo y biblioteca en los locales de calle San Agustín.


Recepción de Ramón Areces como académico en 1986. 

Con respecto al incremento de colecciones que la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo posee, durante estos años debemos mencionar tres importantes vías:

A.    En primer lugar, el habitual medio de incremento de obra por los artistas y eruditos artísticos  que ingresan en la corporación, como hasta el momento venimos comentando. 
B.    En segundo lugar, los encargos directos que se realizan para completar el exorno de la Sala de Sesiones de la Academia y la galería de sus presidentes (Luis Bono, Roquero Tovar, Cañete Sánchez, Capulino Jáuregui, Virgilio Galán, Torres Mata, Revello de Toro, etc.).
C.    En tercer lugar, importantes donaciones de familiares de pintores que realizan su depósito o donación en la Academia sin otro fin que su exhibición en el Museo de Bellas Artes de Málaga, siendo los casos más sintomáticos: los de la familia de Denis Belgrano, que dona en 1976 tres obras para la exhibición en el Museo; la donación de obras de la familia del poeta José Luna, en 1965; y, la más importante por su extraordinario valor cuantitativo y cualitativo, la de la familia del pintor malagueño José Moreno Carbonero en diciembre de 1967 y en marzo de 1973. 
D.    Obras premiadas en los Salones de Invierno organizados por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en el Museo provincial, como en el caso de los siguientes ejemplos:

Autor.
Obra
Nº Inventario
Observaciones.
PÉREZ DE PERCEVAL, Jesús.
Madre de Mojácar
BA/DO00619
Premio “Picasso” en el III Salón de Invierno de 1967.
POZO LORA, Manuela.
Descanso
BA/DO01007
Premio “Pedro Sáenz” en el V Salón de Invierno de 1969.
BORREGO GUTIÉRREZ, Antonio.
Mujer sentada en bronce
BA/DO00605
Premio “Fernando Labrada” en el VI Salón de Invierno de 1970.
MONTES LÓPEZ, Luis.
Bodegón interior.
BA/DO01066
Primer Premio VII Salón de Invierno (I Bienal) de 1972.
CARMONA JIMÉNEZ, Rafael.
Torso [1973]
BA/DO00838
Premio en el VIII Salón de Invierno (II Bienal) de 1974.



Sala Denis en la reforma museográfica que el Museo de Málaga vivió en la década de los años ochenta del siglo XX, 
bajo supervisión de Isidoro Coloma Martín, con la donación del retrato de los padres del pintor José Denis Belgrano en 
octubre de 1976 por Léonie Martín Lapadu. 


Actualmente, los incrementos de la colección adscrita a la Real Academia de Bellas Artes se circunscribe a obras entregadas por los nuevos académicos y donaciones directas a la corporación, pendientes de adscripción por depósito a las colecciones del Museo de Málaga debido a un nuevo marco jurídico autonómico en materia de patrimonio histórico y de museos. En este sentido, aunque no se han reformado los estatutos de estas corporaciones desde la Real Orden de 1849, lo que requeriría una reforma a través de una norma de igual rango y carácter general a juicio de Ramón Corzo, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo actualizó su Reglamento en 1975, previo por tanto al nuevo marco constitucional y autonómico, por lo que no ha asumido en él ninguna de las nuevas circunstancias que marca el actual ordenamiento jurídico en materia de museos y la distribución de competencias desde 1984 entre la titularidad estatal del museo y su gestión transferida a la Comunidad Autónoma, a quien actualmente compete la valoración, aceptación y tutela de estos nuevos depósitos académicos, autorizando sus depósitos.

Así mismo, para una convivencia futura entre ambos se requerirá un nuevo acuerdo en la política de incrementos bibliográficos de su extensa biblioteca, donde poder contemplar la posibilidad de aplicar una adecuada política de expurgo que no hipoteque el crecimiento de la biblioteca especializada del Museo de Málaga con publicaciones no afectas a las disciplinas concernidas por la institución, así como de un adecuado sistema de distribución de sus publicaciones, para las que tampoco pueden disponerse almacenes internos de acopio indefinido espacial y temporalmente.


Madre de Mojácar [1965] de Jesús de Perceval (Almería, 1916 – 1985). 

Para aventurar el futuro de esta vinculación, deseo hacer mías las palabras de Ramón Corzo Sánchez, de la Universidad de Sevilla: … la Academia malagueña ha sabido reivindicar su vinculación y ha obtenido que las nuevas instalaciones corporativas  se trasladen junto al Museo al Palacio de la Aduana, para conservar su vinculo con un patrimonio creado gracias al esfuerzo de los académicos.

Bibliografía
CAMACHO MARTÍNEZ, Rosario, “Vinculación de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en el Museo de Málaga”, Anuario Real Academia de Bellas Artes de San Telmo 6, Málaga, 2006, pp. 15-20.
CORZO SÁNCHEZ, Ramón, “Las Academias de Bellas Artes de Andalucía. Sus orígenes, historia y organización actual” (conferencia impartida en la Real Academia de Córdoba, el jueves 22 de octubre de 2009), Temas de Estética y Arte XXV, Sevilla, Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, 2011, pp. 208-226. www.insacan.org/.../9%20RAMON%20CORZO%20SANCHEZ.pdf (consultado 18/05/2015).
PAZOS BERNAL, María Ángeles, La Academia de Bellas Artes de Málaga en el siglo XIX, Málaga, Editorial Bobastro, 1987. 

martes, 21 de abril de 2015

Málaga: patología museotrófica.



La antaño urbe de las cien tabernas y una librería es hoy “ciudad de museos” en un alarde capitalino un tanto bravucón, por cuanto atañe más a su aspecto cuantitativo que cualitativo. Una treintena larga de instituciones museísticas se publicitan como destino turístico urbano de interés en una extraña amalgama conceptual, donde a renglón seguido encontramos museos en el estricto sentido común del término con instituciones que no lo son, bien por tratarse de otras modalidades institucionales al uso (Centros de Interpretación, Sala de Exposiciones, etc.) o por travestir bajo el término museo realidades bien distintas. En este último caso, transitamos de las colecciones museográficas en términos jurídico-administrativos, a algún apéndice comercial de club deportivo o a almacenes bien ordenados de hermandades y cofradías.  

El artífice de esta desordenada gestión cultural de los recursos museísticos no puede ser exclusivamente reconocido en la alcaldía, obcecada en la vertebración urbana y social de su territorio a través de numerosísimos museos que, como las líneas del metro, dinamicen la ciudad desde su centro histórico hacia sus barrios periféricos. La fiebre por los museos es un fenómeno global de finales de los años noventa del siglo pasado, que se ha hecho crónica en el cuarto que llevamos de éste. Por tanto, es al conjunto de la sociedad malagueña a la que debemos diagnosticar dicha patología museotrófica, donde todos los poderes públicos y privados, laicos y religiosos y algún particular con posibles necesitan sacralizar e inmortalizar sus instituciones y obras con un Museo de… En estos casos los fondos que lo justifiquen, el edificio que lo albergue o el proyecto museológico que lo informe son un escollo menor que, con el suficiente celofán de colores, podría quizá pasar por museo a los ojos del común, y más si ese óculo ordinario es el del incauto turista –incauto en nuestras mentes locales, pues el turista es posiblemente la categoría humana más difícil de definir, pues no se es en esencia turista sino que se está temporalmente de turista, con nuestros deseos, apetencias y necesidades individuales y algunas comunes prácticas de manada.  

Esto no quiere decir que el gobierno municipal no encabece el juego de las inauguraciones fulgurantes de instituciones cada vez más brillantes y definitivas que las anteriores, lo que en publicidad se aplicaría a un producto que de ser super pasa rápidamente al plus para caer en el más, mega e infinitamente plus. Las realidades del Museo del Patrimonio Municipal de Málaga o el Museo Revello de Toro vinieron a desbancarse, como producto más local y provinciano, por el Museo Automovilístico y el Museo Carmen Thyssen Málaga que, ya obsoletos, vinieron a ser superados por el Centro Pompidou Málaga y su apéndice biliar: la Colección del Museo de Arte Ruso. No obstante, si la alcaldía alcanzó techo publicitario con el museo más mega-plus, ahora sólo le queda intentar apropiarse del Museo de Málaga en el Palacio de la Aduana, el único edificio histórico nítidamente neoclásico en la ciudad con más de catorce mil metros cuadrados y una colección que ronda los treinta mil objetos, al que además añadimos franquicia Prado para que sea super-mega-infinitamente más plus.




No dudo que la política museística del consistorio malagueño constituye ya motivo de análisis siquiátrico en instituciones españolas y extranjeras y, museológicamente, algunas de las más prestigiosas universidades internacionales como la de Leicester en el Reino Unido no sólo quieren a nuestro alcalde como “Honoris Causa”, sino como espécimen museográfico a conservar en formol para su estudio neuronal, pues poseen el convencimiento que en alguno de los hemisferios cerebrales se aloja un genoma que nos vincula con la adoración del coleccionismo y la formación de museos, e indudablemente dicho cargo público ofrece una clara hipertrofia, según los más sesudos investigadores en museología forense. 

Pero la realidad es cruda cuando intentamos observar bajo una óptica profesional la operación del Pompidou-Museo Estatal Ruso, cuyas negociaciones fueron abruptamente precipitadas por la incontinencia verbal del protagonista del relato, quien no pudo mantener en la más razonable discreción las negociaciones por lucir un museo-medalla más en su pechera de primer edil de la ciudad. Las infraestructuras las poseía o podía llegar a obtenerlas, después de los descalabros de gestión con una firma comercial para el cubo portuario y con ArtNatura en el centro de concentración de museos con el que se soñaba Tabacalera; el dinero no parece problema cuando se trata de fondos públicos; y las colecciones ya las posee en demasía Francia y Rusia para préstamo en Málaga.

El principal escollo parecía la organización de un equipo local de coordinación y gestión de los proyectos que actuase de interlocutor con los equipos técnicos de ambas instituciones extranjeras, y de todos los técnicos municipales de los que disponía, el Sr. De la Torre encontró a su última incorporación en plantilla: el director de la Fundación Museo-Casa Natal Pablo Ruiz Picasso, con perfil de gestor en empresas culturales que se adaptaba a las expectativas en la gestión de las negociaciones financieras más que artísticas del proyecto.

El primer paso fue convencer a la ciudadanía malacitana de la necesidad de aumentar el emolumento de dicho cargo de confianza, por acumular en su persona las gestiones necesarias a tres direcciones de proyecto, lo cual suponía un notable ahorro en el debe y el haber de gastos hasta ese momento inexistentes. Al mismo tiempo, asistimos impávidos a la modificación de la personalidad jurídica de la Fundación Casa-Natal Pablo Ruiz Picasso, que recientemente había sido incorporada al Registro de Museos de Andalucía con carácter de Museo, hacia la creación de la Agencia Pública para la Gestión de la Casa Natal de Picasso y otros Equipamientos Museísticos y Culturales, sin comunicación a la Consejería competente en materia de museos de la Junta de Andalucía, según tengo entendido como vocal de la Comisión Andaluza de Museos que valoró en su día su incorporación a la Red de Museos de Andalucía y a la que obliga notificación dicho acto administrativo.




La creación de una Agencia Pública ya se explicó en prensa como la fórmula que, entre otras virtudes detectadas por los técnicos legales del consistorio, permitía la reducción impositiva sobre las tres instituciones museísticas, lo que añade un ápice más de obscenidad para los tiempos que corren de una administración pública con las herramientas para eludir el 21% de IVA cultural que el resto de mortales nacionales no poseen.

Pero las obscenidades no se detienen aquí y diariamente nos merendamos en la prensa la externalización del conjunto de servicios que los nuevos museos prestan respecto a sus colecciones, exposiciones, edificios y atención y mediación cultural públicas, amén de los habituales de limpieza, seguridad y tienda-cafetería. Desde finales del año pasado, el Ayuntamiento prometió la creación de unos setenta y nueve puestos de trabajo directos y alrededor de un centenar de indirectos en torno a las dos nuevas infraestructuras museísticas, si bien es cierto que adelantaba que dependerían de las subcontratas de servicios a empresas externas a la administración local. Tampoco es nuestro consistorio completamente culpable de este vicio en el empleo cultural, pues como ha desarrollado Elena Vozmediano en un magnífico artículo para El Cultural sobre: “Obra y servicio. El empleo cultural”, la fórmula de subcontratación a ETTs privadas ha extendido su red tentacular por todo el terreno patrio, incluidas las comunidades que desean excluirse.

Los consensos sociales sobre la importancia de la salvaguarda del patrimonio histórico-artístico nacional y su derecho al público acceso mediante la creación de cuerpos facultativos de profesionales, adscritos de forma estable a las plantillas de sus instituciones tutelares mediante fórmulas de ingreso funcionarial o laboral sujetas a procedimientos de acceso reglados por las administraciones públicas en convocatorias que garanticen su publicidad, igualdad de oportunidades y mérito de los aspirantes, hoy en día se subvierten en beneficio de criterios economicistas que conllevan la abdicación de estos poderes públicos de sus obligaciones de conservación, tutela, investigación y difusión de estos bienes culturales en archivos, bibliotecas y museos.

La maquinaria de propaganda consistorial puso en marcha sus engranajes, ofreciendo unas cantidades financieras para la puesta en marcha de las infraestructuras museísticas por desembarcar en Málaga lo suficientemente astronómicas para que cualquier mejora económica en los procesos selectivos de las empresas subcontratantes fuese un evidente ahorro a las arcas municipales, por supuesto en nada comparable a la inexistencia del gasto o al estudio serio de la viabilidad económica de los proyectos donde la titular de los nuevos museos hubiese mantenido el directo control sobre sus múltiples servicios con personal adscrito a su plantilla. Quizás algunos puedan cotejar esta rotunda aseveración con el encarecimiento de servicios municipales producidos en toda España con la externalización de su ejecución por empresas públicas o privadas, sin hablar del menoscabo en su cumplimiento y de la conflictividad laboral provocada.




En principio se licitaron servicios con un perfil de finalización a finales de 2015 o durante el 2016, lo que induce a la periódica realización de nuevos concursos en los que podrán variar las empresas y sus eventuales empleados en una sucesión de inciertos cambios que en nada favorecen a la estabilidad de las instituciones museísticas y sus servicios, tan sensibles a protocolos de conservación de colecciones, seguridad y atención al público visitante. Las primeras empresas ganadoras fueron las siguientes: Atlas Servicios Empresariales S.A., por un importe total de 1.060.353€, encargada de la gestión de visitantes; Factoría de Arte y Desarrollo S.L.U., por un importe de 622.743€ para la gestión de actividades y exposiciones, más tarde servicio de coordinación y gestión de actividades; y Prosegur España S.L. el contrato de seguridad por 672.780€. Junto a ellos, se incluyó una licitación para el mantenimiento, reparación y conservación de instalaciones, maquinaria y utillaje de las sedes inclusas en la Agencia Pública, asumiendo junto a los tres museos analizados el servicio a la Sala de Exposiciones municipal, sita en la Plaza de la Merced 13. Este servicio ha sido obtenido por la Unión Temporal de Empresas (desde ahora UTE) integrada por Cobra Instalaciones y Servicios-Actua Infraestructuras por un importe final de 524.363,52€.

El servicio más peculiar, por desconcertante y extraño, es el novedoso de coordinación y gestión de actividades, cuyas atribuciones incluyen: la asistencia al sub-departamento de registro —el porqué del extraño prefijo de inferioridad a un departamento de registro es una incógnita insondable en la organización interna de la agencia pública—, especificando que dicha asistencia será la tramitación administrativa de colecciones en las exposiciones temporales de las instituciones museísticas adscritas y la asistencia técnica en el montaje, manipulación y fijación a soporte de los bienes culturales; la tramitación presupuestaria, archivo y seguimiento de la facturación del Departamento de Programación y Actividades; así como la coordinación, supervisión e implemento con carácter permanente de las actividades didácticas. Dicha disparidad de servicios reunidos en esta subcontrata sólo puede responder a un enorme cajón de sastre donde reunir todos aquellos efectivos laborales que no se ajusten estrictamente al resto de servicios licitados por otros conceptos.

La descoordinación de servicios puede ser pasmosa si tenemos en cuenta que, aunque la gestión se realice por la agencia pública municipal titular, los servicios de actividades didácticas que deben estar coordinados con los de gestión de visitantes tienen en sus trabajadores distintas empresas de contratación, con diferentes lealtades y legítimos intereses empresariales, a los que subrogramos las instituciones culturales en aras de su rentabilidad económica en detrimento de su función patrimonial, cultural y educativa.

El pasmo se intensifica con los segundos contratos licitados por el consistorio a través de su agencia pública, que incluyen un nuevo servicio de conservación de colecciones y mediación cultural  y otro de promoción, comunicación y marketing. Este último servicio ha sido concedido a la UTE integrada por la empresa malagueña Exposiciones Internacionales, Culturales e Interactivas y la madrileña Media Events Consulting, que conforman Media Events-Interexpo para lo que queda de año por un importe de 90.000€.

Tremendamente significativo es la licitación de un servicio de mediación cultural, desarrollo de públicos y conservación de colecciones, en tan extraño maridaje en servicios de público y colecciones que en la propia nota de prensa emitida por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga se especifica que, por la variedad de tareas a desarrollar, se divide en dos lotes: uno de mediación y otro de conservación. El primero se dirige a la coordinación de la mediación cultural y de desarrollo de público, mientras el segundo se refiere a los servicios de conservación de los bienes culturales en préstamo temporal para los distintos espacios museísticos gestionados por la agencia pública y la colaboración con la producción de exposiciones. Una vez más, una difícil interrelación empresarial en un mismo área de servicio museístico.

No obstante, la contratación del personal ha sido realizada por Adecco en su División de Adecco Outsourcing, especializada en la externalización de procesos selectivos para las Administraciones Públicas. Precisamente, han sido las condiciones laborales de los más de cincuenta trabajadores contratados a través de la empresa Atlas —del grupo Adecco—, al que se añade una nueva oferta de un coordinador/a de servicio de atención al visitante y unas veinte plazas más de vigilantes de sala, la espoleta que ensombrece con su estallido la brillante proyección, actual gestión e incierto futuro de estas instituciones museísticas de tan compleja ingeniería funcional y laboral.

Espero seguir reflexionando en torno a otros aspectos referidos a este asunto…

Bibliografía:
VOZMEDIANO, Elena, “Obra y servicio. El empleo cultural” El Cultural dirección http://www.elcultural.com/blogs/y-tu-que-lo-veas/2015/03/obra-y-servicio-el-empleo-cultural/ (consulta 06/04/2015).