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miércoles, 14 de octubre de 2020

Hostiario gótico del platero Pedro de Porres en el Museo de Málaga.

Hostiario o píxide burgalés en plata blanca, 11,50 x 9,50 Ø máx. cm. Museo de Málaga

© Foto del autor, 2018

 

Del patrimonio histórico-artístico que tutelan los museos, la Platería es la menos habitual, principalmente debido a su valor elevado y a su significación singular. La primera circunstancia determina que, tanto en el ámbito público como en el privado, estos bienes culturales conserven una especial estima, esmerado cuidado y transmisión preferente; mientras que la segunda los ha mantenido en continuo uso, especialmente en su empleo litúrgico en todas las ceremonias religiosas o simbólico en numerosos acontecimientos de carácter civil. Esta situación no se ha visto afectada en España, a pesar de que hayan sido codiciados botines en los conflictos políticos y sociales de la nación, en los procesos desamortizadores decimonónicos y en el activo comercio de antigüedades, donde suelen ser fondos muy habituales. Además, en las piezas conservadas es frecuente encontrar pérdidas, así como intervenciones que han modificado sustancialmente su estilo, transformado su inicial tipología o cambiado su original uso, ejecutados por otros orfebres en satisfacción de las apetencias de sus propietarios. La participación de restauradores en estas intervenciones es relativamente reciente, pues como patrimonio mueble debemos demandar hoy que se apliquen sobre la Platería los criterios consensuados por la praxis internacional en Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Este último aspecto ha incidido negativamente sobre su valor museográfico, siendo muchos más numerosos los fondos preservados en los almacenes de los museos, que los exhibidos en sus colecciones permanentes.  

 

Museo de Málaga, exposición ambiental en torno a 1971 en el Palacio de Buenavista


Escasas son las referencias documentales en el Museo de Málaga sobre su procedencia, algunas de ellas adquiridas en el mercado nacional de antigüedades durante la dirección de Manuel Casamar Pérez. Muchas de ellas fueron seleccionadas como ejemplares representativos de las llamadas Artes Aplicadas o Decorativas en diferentes estilos artísticos, idóneas al carácter generalista y a la presentación ambientada que presidió el proyecto museográfico con el que se inauguró su nueva sede en el Palacio de Buenavista. El resultado fue la formación de una colección heterogénea y con escasa referencia local, en un arco cronológico y de procedencia extremadamente amplio: del Gótico Internacional a la platería comercial del siglo XX, y de centros orfebres norte y centroeuropeos a numerosos talleres castellanos y andaluces, la inmensa mayoría de carácter religioso. Hoy contamos con nuevos criterios en la incorporación de fondos en nuestros museos, como demuestra en 1973 la adquisición en el comercio de antigüedades parisino de una pieza excepcional, ejemplo de orfebrería civil, blasones de propiedad y punzones malagueños setecentistas. La cafetera del platero malagueño Bernardo de Amores adquiere así un alto valor referencial en la colección permanente del Museo de Málaga, por su excepcional estado de conservación, su singularidad tipológica e indudable procedencia local, como demuestran sus punzones.

 

Cafetera malagueña en plata repujada (c. 1752-1757) del platero Bernardo de Amores. Museo de Málaga

© Foto del autor 2020


La Platería posee singularidades que pasan desapercibidas para el público general de los museos, en la mayoría de los casos fomentada por una presentación que pone en valor su carácter suntuario, decorativo o crematístico, soslayando su valoración histórica y estilística. No solemos incidir lo suficiente sobre la intensa labor conceptual y proyectual de los orfebres sobre sus creaciones, siendo muy abundantes los diseños y modelos realizados sobre distintos soportes tanto por reputados plateros, como por arquitectos, pintores y escultores que realizaron incursiones en este campo artístico dominado por la ostentación y la fantasía. Habitualmente, estos bocetos aparecen firmados y fechados detalladamente al ser empleados como modelos a presentar a la aceptación de sus clientes, lo que de alguna forma evitaba un incipiente espionaje industrial, y perfectamente definidos al usarse como patrones ante las singulares técnicas y distribución de tareas en los talleres orfebres. A esta característica, se suma el no ser habitual las piezas plateras ágrafas, pues la necesidad de ofrecer garantías a aquéllos que adquirían a un alto precio estas producciones, indujo a los poderes públicos y a los gremios al empleo de un estricto sistema de marcaje. Los punzones empleados para la contención del fraude, hoy son herramientas indispensables de lectura para el conocimiento de su procedencia, datación y autoría.

 

Presentación fondos de Platería, almacén visitable del Museo de Málaga

© Foto del autor 2016


En esta línea, presentamos una de las piezas más interesantes de entre aquéllas que se exhiben en el almacén visitable de la planta baja del Palacio de la Aduana de Málaga: un hostiario o píxide gótico burgalés. El hostiario, previamente estudiado y publicado por Rafael Sánchez-Lafuente, es un ejemplo de platería religiosa punzonada castellana que debió alcanzar los fondos del museo malagueño entre las adquisiciones en el comercio madrileño de antigüedades durante las décadas de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo. Morfológicamente, la pieza presenta cuerpo cúbico de escasa altura, sobre el que encaja un esbelto tapador cónico y remata en orbe esférico de fundición, sobre el que falta su crucífero colofón. Tipológicamente, conserva intacto su diseño original, no recibiendo las habituales transformaciones por el cambio de gusto que otros ejemplares suelen haber sufrido, especialmente mediante la incorporación de un esbelto astil. Técnicamente, la pieza está trabajada sobre plancha cincelada, repujada a buril, fundida y soldada, que presenta plata blanca en su exterior y un áureo sobredorado interno, recibiendo el marcaje en el reverso de su base circular.


Exterior en plata blanca e interior sobredorada. Píxide, Museo de Málaga

© Foto del autor 2018

 

Esta tipología ha sido estudiada por Javier Alonso de Benito, quien la singulariza como producción característica de la platería burgalesa medieval. Los talleres castellanos fueron herederos de las técnicas artesanales y modelos decorativos islámicos, asimilados a través de contextos mozárabes y adaptados a los nuevos usos litúrgicos que se derivaron de las constituciones sinodales del obispo de Burgos Gonzalo de Mena y Roelas (1386-1393). Así, los hostiarios de sección cilíndrica con tapador encarnaron pequeños tabernáculos portátiles, lo suficientemente dignificados como para recibir su santificado contenido, en expresión del investigador. El profesor de la Universidad de Cantabria, Aurelio Barros García (BARROS GARCÍA, Aurelio A.; 2000, 47), nos informa que este tipo de píxide modificaron su inicial aspecto achaparrado hacia el año 1450, mediante el aumento del peralte de su tapador, adoptando una singular forma en referencia a la volumetría de las tiendas de campaña o pabellones militares medievales, empleados por los musulmanes y emulados por la nobleza castellana. En los casos conservados, la decoración repujada a buril del cuerpo de la caja cilíndrica incluye una amplia banda central con estilizados caracteres góticos, siguiendo la tradición islámica de las decoraciones anicónicas, a las que se suman tempranas aportaciones decorativas del importado repertorio renacentista, como las cardinas que pautan el texto o los elementos de su remate inferior, compuesto en nuestro caso de una cinta de perlas troqueladas entre lisas molduras.

 

Tienda de campaña de tipo morisco de Carlos V (siglo XVI), Museo del Ejército en Toledo. Hostiario gótico burgalés del 

Museo de Málaga

© Composición del autor 2020


El modelo conservado más próximo al ejemplar malagueño posiblemente sea el píxide gótico en plata de la Iglesia de San Pedro y Ermita del Salvador de Beinza-Labayen (Navarra), que conserva aún sobre el orbe su Crucificado. Hemos aludido a la frecuencia de pérdidas en este tipo de piezas, lo que disminuye su valor museográfico, fundamentalmente debidas a causas de deterioro inherentes a su material constitutivo. Entre otras, aquella referida a la necesaria aleación de la plata con otros metales para reforzar su consistencia. Con el paso del tiempo, sin embargo las aleaciones pierden su maleabilidad, volviendo la plata débil y quebradiza. Este fenómeno de deterioro, conocido como plata agria, suele ser el causante de que las piezas se agrieten, se vuelvan frágiles y presenten la suficiente debilidad como para que se fracturen algunos elementos durante su continuo uso. Esta es la causa de las presentes deformaciones que se observan en la pieza analizada y a la pérdida del Crucificado, fracturado en su base. 


Píxide gótico (siglo XVI) de Beinza-Labayen (Navarra) y píxide gótico del Museo de Málaga, comparativa


Su decoración prácticamente se reduce a la banda con leyenda que circunda el cuerpo central del hostiario, donde se ha repujado en relieve burilado: HIC / EST / CORPUS / DÑO / NTRO / IHS / XRTI, en alusión al destino de este tipo de recipientes sacros: He aquí el cuerpo del dueño Nuestro Señor Jesucristo. El texto se articula en abreviaturas latinas con caracteres góticos entre clásicas cardinas vegetales al romano: unas simples con tallo vegetal leñoso, que envuelve un elemento floral pentafolio; otras dobles, con tallo central que se bifurca en dos simétricos roleos sobre el mismo motivo floral; y otras compuestas, donde el roleo central incluye en su desarrollo los mismos elementos florales perimetrales en menor tamaño. La decoración repujada se inscribe sobre fondo puntillado y encaja entre dos bandas sogueadas. Inscrita entre ellas, destaca la existencia al inicio de la leyenda de una enigmática Cruz de Malta de brazos de perfil angrelado, tras la que se cruzan dos estilizadas tibias en aspa, quizás en alusión al comitente de la pieza. El tapador presenta una decoración más simple, compuesta por estrella central de ocho puntas sobre fondo punteado a buril, en un diseño geométrico muy plano en comparación con el relieve del cuerpo central del hostiario.  

 

Leyenda gótica del píxide conservado en el Museo de Málaga

© Composición del autor 2018


Cardinas simple, doble y compuesta. Píxide del Museo de Málaga

© Composición del autor 2018



Cruz de Malta y decoración geométrica de la tapa. Píxide del Museo de Málaga

© Composición del autor 2018


El reverso de la base circular alberga los punzones que nos permiten localizar, datar y atribuir con precisión la pieza. Este tipo de triple marcaje se inició precisamente en Burgos a lo largo del siglo XV, cuyo gremio de plateros lo instituyó como medio de garantizar los derechos de sus clientes ante el uso fraudulento de plata de baja ley. Se incorporó el sello de la ciudad como garantía de su Concejo, el cuño del fiel del contraste y el punzón del maestro platero, lo que alcanzó tal éxito fiscalizador que los Reyes Católicos impusieron el marcaje triple con carácter general mediante la Pragmática sobre moneda y marcaje de la plata, otorgada en la ciudad de Valencia el 12 de abril de 1488. Los punzones de esta pieza fueron publicados por Rafael Sánchez-Lafuente en la década de los años ochenta, que hoy podemos cotejar con la sistematización establecida por Aurelio Barrón García para la platería castellano-leonesa medieval y moderna. El punzón con cabeza real coronada sobre tres torres y la leyenda: BURGOS, alude evidentemente a la localidad donde trabajaba el orfebre, sello municipal que se empleó entre los años 1500 y 1560, cambiando posteriormente su diseño. El punzón con forma cuadrada y una letra mayúscula en cada una de sus cuadrículas interiores se relaciona con los fieles del contraste, pareja de plateros que ocuparon el cargo en la ciudad por designación de su regimiento entre los años 1521 y 1526: "O/S" se correspondería con Andrés de Santa Cruz y "P/A" con Pedro de Acebedo. Ambos punzones se refieren al sistema gremial de marcaje de la plata establecido para sus autoridades fiscales, mientras que el tercero de mayor tamaño corresponde al platero Pedro de Porres, autor de la pieza, que ha sido documentado por el profesor Barros García en la localidad burgalesa al menos entre los años 1560 y 1600. En este caso, podríamos hablar de una obra de creatividad limitada por parte del maestro platero Pedro de Porres, que se ciñe estrictamente a los modelos de hostiario de mayor éxito y nutrida demanda entre los círculos religiosos castellanos, aunque para las fechas de ejecución sea ya una moda decadentista.

 

Punzones del píxide, Museo de Málaga, y punzones publicados por Rafael Sánchez-Lafuente Germar (Madrid, 1980, 

nº de catálogo 23)

© Composición del autor 2020


De su análisis, podemos deducir que nos encontramos posiblemente ante una pieza temprana en la producción de Pedro de Porres, datada durante el segundo cuarto del siglo XVI, continuando los modelos más demandados de hostiarios góticos de entre los talleres orfebres burgaleses. Por su valor histórico, hoy constituye una de las piezas más singulares y apreciables de entre los fondos plateros del Museo de Málaga, ya que nos permitiría llegar a plantear una ampliación cronológica de la actividad como orfebre de Pedro de Porres, debido a la lectura cruzada de sus punzones. El severo y elegante diseño compositivo gótico de tradición mozárabe burgalesa, la conservación intacta de su tipología original y la referencia completa de su punzonado son razones suficientes para que le dediquen una especial atención, durante su próxima visita a las colecciones del Museo de Málaga.  

 

Bibliografía:

ALONSO BENITO, Javier, Platería. Colecciones del Museo Nacional de Artes Decorativas, Madrid, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2015.

BARRÓN GARCÍA, Aurelio A., La platería burgalesa, 1475-1600, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 1994. 

BARRÓN GARCÍA, Aurelio A., “Archidiócesis de Burgos”, en VV.AA., La Platería en la época de los Austrias Mayores en Castilla y León [Catálogo exposición Monasterio de Nuestra Señora de Prado, Valladolid, 19 de febrero a 30 de marzo], Salamanca, Junta de Castilla y León, 1999. 

BARRÓN GARCÍA, Aurelio A., "La Platería en Castilla y León", en VV.AA., El arte de la plata y de las joyas en la España de Carlos V [Catálogo exposición Palacio Municipal de Exposiciones "Kiosco Alfonso" La Coruña, 6 de julio a 27 de septiembre de 2000], La Coruña, Sociedad Estatal para la Comemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000, pp. 41-59. 

BARRÓN GARCÍA, Aurelio A., “Platería hispano-flamenca bilbaína: Martín Follou y Pedro Martínez de Otaza”, en RIVAS CARMONA, Jesús (Coord.), Estudios de Platería San Eloy 2004, Murcia, Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2004, pp. 99-118.

NAVARRO PÉREZ, Mª Paz, “La restauración de orfebrería: alteraciones y criterios de intervención”, en RIVAS CARMONA, Jesús (Coord.), Estudios de Platería San Eloy 2010, Murcia, Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2010, pp. 503-516.

SÁNCHEZ-LAFUENTE GEMAR, Rafael, Orfebrería del Museo de Málaga, Madrid, Ministerio de Cultura, 1980, nº cat. 23, p. 22 [reproducción lám. 28, p. 78].


 

 

viernes, 10 de abril de 2020

Baile de gala en el Palacio de Villahermosa. Crónica social de José Moreno Carbonero en el Museo de Málaga


Baile en los salones de la marquesa de Esquilache en honor del embajador marroquí Sidi Brisha [febrero, 1895]
 José Moreno Carbonero, óleo sobre lienzo, 43,00 x 66,40 cm
© Del autor, 2016


Las salas de un Museo presentan el aspecto de grandes espacios vacíos, llenos de ventanas por las que observamos distintos mundos lejanos, parecidos o extraños al que habitualmente habitamos. Acercarnos al marco de una pintura es romper con la mirada el plano bidimensional y sumergirnos en una realidad paralela, una dimensión espacio-temporal que parece existir autónoma tras la pared que la linda y circunda. No obstante, para que esas realidades paralelas acontezcan es imprescindible el concurso de nuestra mirada, la consciencia que aprecia, comprende y disfruta de lo que observa. En ese juego de complicidades entre nosotros y las obras plásticas se encuentran sus autores, estilos, circunstancias históricas, asuntos concretos y decisiones museológicas, contando historias que a veces parecen triviales o trascendentes bajo el prisma del autor y las razones de presentación del museólogo. Éste podría ser el caso de la obra que hoy analizamos, una cómica escena de extraño baile donde conviven los europeos en ridículas poses frente a un circunspecto grupo de norteafricanos, reconocibles por su característico atuendo en segundo plano de la escena, inusual composición del pintor escasamente sarcástico José Moreno Carbonero (Málaga, 1858 – Madrid, 1942), a pesar de la enorme tradición en la plástica malagueña coetánea de la cómica parodia política y social.    

El objeto de la presente entrada es acompañar la mirada en la observación de un pequeño lienzo de técnica tremendamente abocetada, cuya lectura nos la facilita su autor mediante dos leyendas autógrafas sobre el lienzo: Baile de la marquesa de Esquilache en honor del embajador marroquí Sidi Brisha / Febrero / 1895, en su ángulo inferior derecho; y Baile en los salones de los marqueses de Esquilache en honor de Sidi Brisha / embajador de Marruecos, en su borde inferior. Inusual duplicidad en la anotación autógrafa de una obra, debiendo entender el pintor que no había incorporado suficientes notas en la representación como para aclarar su lectura, siendo necesario el apoyo en la palabra. El pequeño boceto, en la línea de la crónica satírica ilustrada de la prensa, hace referencia a uno de los acontecimientos más rocambolescos en las relaciones decimonónicas entre reinos vecinos: España y Marruecos.
 

Baile …, de José Moreno Carbonero en exposición permanente del Museo de Málaga
© Del autor durante el montaje, 2016

Sidi Brisha, el primero de los personajes a los que alude el presente relato, fue el integrante de una noble familia magrebí que había alcanzado gran reputación en el servicio a su monarquía, formando parte de varias delegaciones diplomáticas y comerciales por distintas capitales europeas, varias de ellas en Madrid, donde se afirmaba haber demostrado gran aprecio por la reina María Cristina de Habsburgo. Casi sexagenario, recibió el encargo de presidir las negociaciones que ante el Gobierno español debían dar cumplimiento a las compensaciones económicas de guerra establecidas en el Tratado de Marrakech de 5 de marzo de 1894, un negocio crucial a las arcas en bancarrota de la corona norteafricana e imprescindible a los mermados fondos españoles y a su crédito en la carrera por el colonialismo europeo en la zona. La recepción de la delegación diplomática marroquí estuvo presidida por una campaña en prensa poco favorable a la pacificación de ánimos entre contendientes, preludiando con nefastos augurios lo finalmente acontecido. El crucero Reina Regente condujo a la embajada marroquí de los puertos de Tánger a Cádiz, alcanzando la capital el 28 de enero de 1895, donde fue alojada en el Hotel Rusia de la madrileña Puerta del Sol. Al día siguiente, cuando la embajada se disponía a acudir al Palacio Real en audiencia con la reina y el presidente del Gobierno, Práxedes Mateo Sagasta, un incidente cambió el curso de los acontecimientos. 



Sidi Brisha y Miguel Fuentes, caricaturas de Ángel [1895]
El Nuevo Mundo. Crónica Semanal Ilustrada, jueves 7-febrero-1895, p. 9

A la salida de Sidi Brisha del establecimiento hotelero, se cruzó en su camino el brigadier en la reserva Miguel Fuentes y Sánchiz, quien sin mediar palabra propinó un sonoro bofetón al embajador, al grito: “¡Yo soy Margallo!”, en alusión a los nefastos sucesos contra el acuartelamiento español en Melilla. Los ríos de tinta corrieron en la prensa e, incluso, la actual historiografía española aún fabula sobre anécdotas en torno a la tribulación de Sagasta, a la mediación patriótica de la reina apelando a su condición de dama o a los aspavientos coléricos del embajador, solicitando el pago de la afrenta en sangre hispana. Lo cierto es que la diplomacia española tuvo que reaccionar con rapidez y ofrecer las más humildes disculpas por el obsceno gesto, que el periodista liberal y defensor de una "penetración pacífica" de la misión colonial española en Marruecos Gonzalo de Reparaz (Oporto, Portugal, 1860 - México, 1939) calificó, en El Nuevo Mundo de 7 de febrero de ese año, como necesaria: […] reparación ante el patriotismo teatral y delirante, que nada prevé, que no razona nunca, y que en cambio grita y malgasta retórica vacía. El Gobierno, el Parlamento y la prensa pronto se alinearon en la prudente tesis de una transitoria locura del apresado cuarentón Miguel Fuentes, aunque no fuese más que el producto del nefasto ambiente patriotero creado en sus prolegómenos, pero que dio una ventaja en las negociaciones al sagaz Sidi Brisha, quien desde una inesperada atalaya de autoridad moral, obtuvo la quita de la mitad de las compensaciones de guerra que originalmente ascendían a dos millones ochocientos mil duros, con el consiguiente ahorro a las arcas marroquíes y el gasto millonario a los españoles por la patriótica bofetada.

Por iniciativa de la corona, quien pretendió aliviar en todo lo posible la tensa situación generada, se instó a la flor y nata de la sociedad madrileña al agasajo de la comitiva durante el mes de febrero en que tuvieron lugar las negociaciones, por lo que en la prensa satírica tuvo especial eco la actitud tanto política como social dolorosamente complaciente con la embajada marroquí, en una muy arraigada costumbre nacional de ridiculizar aún aquello que más conviene. 


Caricatura de Sagasta planchando las túnicas de media luna,
Ramón Cilla Pérez (Cáceres, 1859 – Salamanca, 1937)
El Nuevo Mundo, Madrid,  jueves 7 de febrero de 1895, p. 13

A los deseos de la reina regente de agradar a la embajada marroquí acudió presta una de sus damas, siendo el segundo personaje de esta historia, Dª María del Pilar de León y Gregorio (Córdoba, 1842 – Madrid, 1915), marquesa de Esquilache. La joven, criada en Granada y que vivió su primer matrimonio en La Habana (Cuba), contrajo segundas nupcias con el político, escritor y periodista Victoriano Mantilla de los Ríos, defensor de la restauración monárquica en España, lo que le granjeó la amistad de Alfonso XII quien, además de otorgarle un marquesado, le confió las delegaciones diplomáticas primero de Washington D.C. y más tarde de Constantinopla. Nuevamente viuda, Pilar de León se estableció definitivamente en Madrid en la calle Barquillo, cuya residencia fue uno de los más renombrados salones de la buena sociedad matritense. En las reuniones que organizaba conoció al joven diputado en Cortes, el malagueño Martín Larios y Larios, con quien contrajo matrimonio en secreto el año 1887 ante la férrea oposición de la acaudalada familia malagueña, que incluso pleitearon durante todo el año siguiente para lograr la inhabilitación del esposo en la libre disposición de sus bienes. Ganado el pleito por el feliz matrimonio, cambió el tren de vida de los recién nombrados marqueses de Esquilache que establecieron su residencia en el Palacio de Villahermosa en la madrileña Plaza de las Cortes, donde sin duda tuvo lugar el espectacular recibimiento de la embajada marroquí en torno al día 1 de febrero de 1895. 



Dª Pilar de León (1842-1915), 
marquesa de Esquilache y Grande de España
Su tercer esposo había fallecido ya prematuramente en 1889, quedando la marquesa de Esquilache en propiedad de una considerable fortuna y al frente de sus negocios, así como de la amistad del afamado pintor malagueño José Moreno Carbonero. A éste correspondió la crónica social del baile en la residencia de la viuda, ofrecido en desagravio a Sidi Brisha y su amplia comitiva diplomática, cuya descripción plástica es fiel trasunto de las crónicas periodísticas de la época. Por ello, no me resisto a transcribir la narración en prensa que, en su columna sobre novedades sociales y teatrales madrileñas “Conversaciones”, publicó el periodista José Gutiérrez Abascal (Madrid, 1852- 1907) —bajo el pseudónimo de Kasabal— en la revista ilustrada semanal El Nuevo Mundo del jueves 7 de febrero de ese año quien, no sin ciertos prejuicios occidentales en esa construcción mental que justificó la carrera colonialista europea, navega en las procelosas aguas entre la exaltación del severo comportamiento del otro y el ridículo que hace uno mismo : 

Los individuos que componen la embajada marroquí han sido durante la pasada semana los héroes de los salones madrileños, y el blanco jaique y el retorcido turbante han triunfado sobre el negro frac y el aplastado gilms. / Si los moros hubieran querido bailar vals, de seguro que se quedan sin pareja los payos madrileños y los attachés de todas las naciones de Europa, y hubiéramos visto a hermosas descendientes de los héroes de la reconquista enlazadas por la cintura con los vástagos de los que suspiraron con Boabdill al perder para siempre de vista las torres Bermejas del asombroso palacio de Granada. [ …] La media luna caída de las fortalezas moras, que llegaron a ser por el esfuerzo de legiones de héroes fortalezas cristianas, brillaban en el sarao de la marquesa de Squilache (sic) sobre el pecho y sobre la cabeza de hermosísimas damas, que recordaban a aquellas bellas nazarenas que hacen enloquecer de amor a los Gomeles y Zenetes de las orientales de Zorrilla / La civilización europea lucía todos sus esplendores para recibir a los representantes del Sultán de Marruecos, y la luz eléctrica partiendo de potentes focos, las obras de arte mostrando sus primores, las verdes plantas extendiendo sus pomposas ramas, los dorados espléndidos y las sedas bordadas recogidas en elegantes pabellones, todo parecía dispuesto para decir a los que han quedado rezagados por intransigentes fanatismos en el camino del progreso […]  Y sonó con dulcísimos acordes la orquesta y los moros se sentaron regocijados en el espléndido salón, pensando sin duda en que habrían venido al mundo las huríes del paraíso de Mahoma, al ver aquellas damas hermosísimas envueltas en ricas telas, y sobre sus cabezas y cuyos senos desnudos chispeaban los brillantes y fulguraban las esmeraldas y los rubíes, copiando fosforescencias del mar, y destellos de luceros, y al contacto de cuyas suavísimas carnes parecía que se redondeaban las perlas de irisados orientes que llevaban engarzados en sedosos hilos. […] Los moros del séquito hacían esfuerzos por permanecer graves, solemnes e indiferentes en medio de aquel espectáculo, pero no podían contener la expresión de sus ojos, que brillaban involuntariamente al fijarse en algunas de aquellas bellezas que se presentaban a ellos libres de discretos velos. Cuando comunicaron sus impresiones por medio de los intérpretes, manifestaron que lo que más les asombraba era que las damas se tapasen las manos con los guantes y se descubriesen la cara, el pecho y los hombros. […] Lo que no pudieron ocultar fue el mal efecto que les causó ver bailar a los hombres […] aprisionado en un frac negro con faldones que menean como aves de mal agüero, con las piernas como flautas embutidas en fundas también negras y dando vueltas al compás de la música, ¡vamos!, esto no lo comprenden los varoniles hijos de las africanas tierras, encariñados con su atrasadísima civilización. 


Salón de Invierno del Palacio de Villahermosa a finales del siglo XIX
© Archivo ABC, Prensa Española, c. 1895.

Ninguna descripción podría competir en fidelidad con aquella de quienes fueron testigos de la exótica participación en el baile de la embajada norteafricana, enfrentando la discreta contención alcohólica islamita con las efusivas muestras de comportamiento desinhibido de las parejas cristianas. José Moreno Carbonero traslada al lienzo los epítetos de la pluma de Kasabal, dejando volar el pincel nervioso por la composición casi de instantánea fotográfica en la traducción de los desdibujados fondos aterciopelados de la estancia, el despliegue selvático de las palmeras interiores y las amplias zonas sin pigmento que traducen los destellos de las luminarias. La comitiva diplomática marroquí sentada o dispuesta en pie en segundo plano, que parecen proferir algunos de los comentarios ya transcritos en la crónica de prensa, posee un estoico aspecto escultórico que contrasta con el grácil movimiento de los vestidos femeninos y el extraño flexionar dionisíaco de las piernas masculinas, donde indiscutiblemente se concentra la intensa comicidad de la escena. 
 

Doctor Ovilo, médico español incorporado a la embajada, por E. P. Dalmav [1895]
El Nuevo Mundo. Crónica Semanal Ilustrada, jueves 7 de febrero de 1895, p. 9
La escultural presencia monolítica marroquí, frente al dinamismo pictórico de los españoles de frac


La abocetada obra quedó en posesión del pintor, quizá con la inicial intención de trasladarla a definitiva composición o como apunte con el que poder colaborar en las revistas ilustradas en las que habitualmente publicaba, una rara avis en la producción de uno de los pintores más populares al trasladar al óleo las victorias militares españolas de la Guerra de Marruecos y retratar a sus héroes en el primer cuarto de la siguiente centuria. Además, el episodio del sarao en el Palacio de Villahermosa no debió ser un evocador recuerdo a posteriori, pues, tras despedir a la delegación diplomática en el puerto de Tánger dando por concluida las negociaciones y al regresar el crucero militar Reina Regente hacia Cádiz el 1 de marzo, sufrió una cruenta embestida del intenso oleaje que encrespaba las aguas del Estrecho, hundiéndose con más de cuatrocientos miembros de su tripulación, lo que causó una profunda conmoción nacional. Finalmente, la obra formó parte del legado de la nuera del pintor, Dª Josefa Travesedo y Silvela, viuda de José Moreno Castells, con destino a instalar en el Museo de Bellas Artes de Málaga una sala monográfica dedicada al gran pintor, inaugurada en 1973. Hoy como ayer, el singular lienzo se exhibe en compañía del resto de obras del pintor, subrayando su excepcionalidad en ejecución, aspecto y destino, el libre ejercicio íntimo sobre una crónica social a caballo entre el esperpento y la caricatura. 
 

Sala Romántica en planta baja del Palacio de Buenavista, Museo de Málaga, inaugurada en 1973 
monográficamente con el legado José Moreno Carbonero
© Archivo fotográfico, Fundación Unicaja, Registro nº 917

Bibliografía:
GUERRERO ACOSTA, José Manuel (Dtor), El protectorado español en Marruecos (1877-1921) Vol. I. Repertorio biográfico y emocional. Madrid, IBERDROLA, Colección Páginas de Historia [s.a.].
OLALLA GAJETE, Luis Fernando, Museo de Málaga. La pintura del siglo XIX, Madrid, Ministerio de Cultura, 1980, pp. 159-160 (cat. nº 158, p. 60).
PALOMO DÍAZ, Francisco, “La pintura costumbrista del siglo XIX en Málaga”, Boletín de Arte 9, Málaga, Departamento de Historia del Arte, Universidad de Málaga, 1988, pp. 259-277.  
PAREDES GONZÁLEZ, P. Jerónimo OSA, “María Cristina de Habsburgo y Lorena. Una mujer tres veces reina. 75º Aniversario de su muerte: 1929-2004”, LEA, La Escuela Agustiniana 77, Madrid,  Provincia Agustiniana Matritense, enero-marzo 2004, pp. 24-29.
SAURET GUERRERO, Teresa, José Moreno Carbonero. Homenaje en el 150 aniversario de su nacimiento (1858-1942), Málaga, Museo del Patrimonio Municipal, 2009.
VV.AA, Moreno Carbonero. Homenaje al glorioso maestro, Málaga, Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Imprenta Iberia, 1943.

Prensa:
BECKER, J., “España y Marruecos. Extravíos de la razón”, El Nuevo Mundo, Crónica semanal ilustrada (Año II, nº 57), Madrid, jueves 7 de febrero de 1895, p. 4.
KASABAL, “Conversaciones”, El Nuevo Mundo, Crónica semanal ilustrada (Año II, nº 57), Madrid, jueves 7 de febrero de 1895, p. 5.
PARRONDO, Gil, “Palique. La bofetada”, El Nuevo Mundo, Crónica semanal ilustrada (Año II, nº 57), Madrid, jueves 7 de febrero de 1895, p. 7.
REPARÁZ, G., “La embajada marroquí. Antecedentes de la agresión al embajador”, El Nuevo Mundo, Crónica semanal ilustrada (Año II, nº 57), Madrid, jueves 7 de febrero de 1895, p. 6.
ROYO VILLANOVA, Luis, “Revista Cómica. Basta de “orsequios (sic)”, El Nuevo Mundo, Crónica semanal ilustrada (Año II, nº 57), Madrid, jueves 7 de febrero de 1895, p. 13.
SEPÚLVEDA, Enrique, “En el hotel de Rusia. La embajada vista por dentro”, El Nuevo Mundo, Crónica semanal ilustrada (Año II, nº 57), Madrid, jueves 7 de febrero de 1895, p. 9-10.