Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Real Academia Bellas Artes San Telmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Real Academia Bellas Artes San Telmo. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de diciembre de 2019

En elogio de San Telmo


San Telmo [Málaga, 1980] de Luis Bono. Óleo sobre lienzo, 223,00 x 131,00 cm.  © Francisco Gutiérrez, fotógrafo.


La estrecha imbricación entre la institución museística estatal malacitana y la local Real Academia de Bellas Artes de San Telmo se vuelve a reeditar con su reunión en la renovada sede del viejo Palacio de la Aduana, crisol donde puede que germinen nuevas fortalezas como fruto de una benéfica alianza o, por el contrario, una existencia menos que simbiótica en el uso espacial de espaldas a las funciones sociales y culturales del museo donde se cobija. A pocos se les escapa que los académicos de número, de mérito o correspondientes por distintos lugares del mundo pueden ser cantera del profundo conocimiento sobre las colecciones y sus disciplinas científicas relacionadas, colaborando en el incremento de sus bienes culturales, la investigación sobre éstos y la tan necesaria difusión pública de sus contenidos. A ello, desde el entendimiento y experiencia de nuestro Departamento de Conservación e Investigación cercano a los tres lustros, es necesaria la inexcusable puesta en valor de los archivos documental y bibliográfico de una corporación con más de ciento sesenta años de historia, de tal vitalidad a la investigación histórico-artística en torno al patrimonio cultural malagueño como a la misma existencia del Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga, del que se define tutor la magna corporación desde su formación, confundiéndose sus archivos hasta la década de los setenta del pasado siglo. No obstante, si no comprendemos la labor de sus integrantes como un sacerdocio desinteresado, sino como una prebenda con tintes de patente de corso para integrarse en una cofradía de notables, encapsulados en una obsoleta corporación decimonónica, puede que no solo evolucione hacia la indolente supervivencia sino hacia una razonable extinción. En esta reflexión se encierra a mi entender la percepción de una encrucijada en la relación venidera entre la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y el Museo de Málaga, en esa deseable simbiosis de supervivencia o en el indeseable servilismo de la institución museística que, bajo mi modesto punto de vista y tras mis experiencias en Cádiz y Córdoba, pronosticaría su inevitable extinción, sujeta a una insignificante función social de unos secuestrados fondos documentales y bibliográficos y a una desconexión de tintes áulicos del patrimonio cultural e instituciones que prosaicamente lo tutelan, conservan y difunden. Refinado objeto inútil a una sociedad que evoluciona por otros derroteros. Es por ello que conminamos mediante este elogio al patronazgo de San Telmo, para que ilumine la senda que a partir de este año nos conduzca a puerto salvo. 


Casas Consistoriales de Málaga, dibujo y litografía de Francisco Pérez. El Guadalhorce, Málaga 1839-1840.  
 © Archivo Narciso Díaz de Escobar, Fundación UNICAJA.


El Real Decreto de 31 de octubre de 1849 aportó una nueva organización a las provinciales Academias de Bellas Artes españolas, en cuyo primer capítulo y artículo sobre su número incluyó una de estas corporaciones en Málaga, excluyendo en su artículo tercero a la malacitana de las consideradas de primera clase e integrándola entre aquéllas de inferior categoría. La organización de la corporación ocupó algunos meses, quedando definitivamente establecida en torno a la primera quincena del mes de mayo del siguiente año, en que el pintor Juan Trigueros y Romero, propuesto como Secretario General, diligencia su primer Libro de Actas de juntas generales y públicas, principal fuente de conocimiento de su historia. Un punto importante fue la obtención de locales donde albergar a la corporación y la Escuela de Bella Artes que se comprometía organizar, según traslado del Gobernador Provincial de una Real Orden de 20 de mayo por la que se instó a la formación de un presupuesto ajustado a estos fines, comisionando las gestiones con la Alcaldía a los académicos consiliario Salvador López y arquitectos Cirilo Salinas y José Trigueros para la cesión de uso del suprimido Colegio de San Telmo, ocupado hasta el momento por la próxima corporación municipal en su antigua ubicación. Se solicitaba disponer de espacio suficiente al empleo de una Sala de Reuniones, despacho para el secretario, un cuarto para el conserje y cinco aulas para impartir estudios menores a unos doscientos cincuenta alumnos.

La corporación municipal no presentó objeción a que se estableciese en su segundo piso infraestructura tan necesaria al ennoblecimiento de la ciudad, continuándose las gestiones hasta que en sesión de 13 de febrero de 1851 los señores académicos tramitan invitación al Gobernador Provincial para la inauguración de los locales destinados a la Escuela de Bellas Artes local, una vez seleccionado el plantel de profesores. Dos años más tarde, el Gobierno autorizó a la Real Academia de Bellas Artes elevar a documento público un contrato de arrendamiento sobre el edificio de San Telmo en dos mil reales anuales, hasta bien no se determinase la titularidad final del edificio expropiado, y al año siguiente su Obispo concedió a los académicos, profesores y alumnos de su Escuela el uso durante los oficios religiosos de las tribunas sobre la nave central de la Iglesia de San Telmo, hoy del Santo Cristo de la Salud.
 

Cúpula de la Iglesia del Santo Cristo de Málaga. @ Foto del autor, 2015.


Prolijo sería narrar las circunstancias vividas por la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, la Escuela de Bellas Artes y con posterioridad el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga en la ocupación del edificio de San Telmo desde su subasta pública en el segundo lustro de los años cincuenta del siglo XIX, hasta su traslado al Palacio de Buenavista en la década de los años sesenta de la siguiente centuria, interesándonos el inmueble exclusivamente en su indudable relación con el patronímico de nuestra corporación. Desde la constitución de las Reales Academias por los gobiernos ilustrados de la segunda mitad del siglo XVIII, éstas han contado con la advocación protectora de algún santa o santo patronos, sin que el dominio de la razón humana desterrase el profundo sentimiento católico nacional, seleccionados por una vinculación bastante circunstancial, como en los casos de la madrileña de San Fernando, la barcelonesa de San Jorge, la valenciana de San Carlos, la zaragozana de San Luis o la sevillana de Santa Isabel de Hungría. En el caso de la malacitana, la elección del santificado dominico Pedro González, más conocido como San Telmo, se vincula con su patronazgo sobre la navegación y sus marineros, quienes lo adoptaron por patrono del Real Colegio Náutico local y del edificio donde se instaló su escuela, tras la desamortización de los bienes jesuitas decretada con su expulsión durante el reinado de Carlos III. 



D. Luis Bono Hernández de Santaolalla.
En este sentido, los académicos comisionados en sucesivos encargos y acuerdos adoptados en otras tantas juntas cumplieron con el homenaje a sus benefactores terrenales y no con su patronazgo celestial, pasando a formar parte del exorno de sus locales todos aquellos retratos pictóricos o escultóricos de protagonistas de reinados, gobiernos y presidencias en la vida de la corporación académica, olvidando sistemáticamente a aquél que les procuraba su intercesión divina. Este proceder fue enmendado por Luis Bono Hernández de Santaolalla (Málaga, 1907-1997), recibido como académico de número por su sección de Pintura en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en diciembre de 1950, de tal proyección profesional y docente que compartió esta distinción con su incorporación en las Academias madrileña de San Fernando, como correspondiente por Málaga, y sevillana de Santa Isabel de Hungría. No es el momento de presentar una narración biográfica sobre el pintor malagueño, al que la academia dedicó un discreto homenaje en el Primer Centenario de su nacimiento, destacando el recuerdo de su compañero de corporación Julián Sesmero Ruiz en el año 2007, y que nosotros dejamos pendiente para mejor ocasión, sino el destacar el generoso gesto del pintor en justo desagravio para con su patrono San Telmo. 

Luis Bono se dedicó durante los sórdidos años de la posguerra a una renovadora práctica del arte religioso nacional tanto en su producción muralista, como el ejecutado para la Iglesia de San José de la barriada malagueña de Carranque en 1958, como en una dilatada faceta como diseñador gráfico de innovadores carteles para festividades y acontecimientos religiosos por todo el territorio nacional, y con cuyas producciones obtuvo numerosos galardones. De hecho, según expresó en 1980 el mismo artista en el catálogo de una exposición individual celebrada en la Galería Malacke de la capital malagueña:

Dentro de mi modestia, creé un estilo moderno y personalísimo que formó parte de ese movimiento artístico que iba unido a la idea de lo nuevo en publicidad y que supuso la entrada de nuevas concepciones, nuevas técnicas y nuevas expresiones. El afán por lo nuevo en el cartel (y en general con todo aquello relacionado con el arte publicitario) me impulsó a romper con la tradición y constituyó un estimulante incentivo para mis diseños y creaciones.

En este contexto de los nuevos lenguajes compositivos y de la asunción de tendencias plásticas de renovación trasladadas a su obra pictórica, que las nuevas propuestas permitían al soporte publicitario, es donde debemos encuadrar la ejecución del gran óleo sobre lienzo dedicado a San Telmo. Debemos sumar a este nuevo lenguaje moderno, en expresión del mismo Luis Bono, un personalísimo espíritu de acercamiento a los personajes y sus manifestaciones religiosas en la línea de una humanización de sus modelos y actitudes, una expresividad castiza y tremendamente terrenal como quizá manifiesta en su sencilla gestualidad una pequeña acuarela de mi colección, relacionada con su faceta de consumado miniaturista de fama nacional e internacional, de lo que puede ser expresivo su integración en la londinense Royal Society of Miniature Painters.


Personaje religioso. Acuarela sobre papel verjurado, 10,50 x 9,00. FirmadoLuis Bono", áng. inf. izdo. 

© Foto del autor, 2019. 
 


A San Telmo, personaje histórico español que acompañó en sus conquistas a Fernando III antes de su fallecimiento en el año 1242, tradicionalmente se le ha representado con el hábito blanco y negro de la orden dominica de la que formó parte, siendo sus atributos habituales una luminaria encendida, los conocidos como fuegos de San Telmo, así como una pequeña nave que porta en una de sus manos como señal de patronazgo sobre los navegantes. En algunas composiciones se representa al santo en primer plano recortado sobre un paisaje fluvial, donde destaca la presencia de un puente cuya construcción sobre el río Miño la tradición le atribuye en la localidad de Ribadavia, así como algunos peces en alusión a uno de los acontecimientos milagrosos imputables al santo en socorro de sus constructores, famélicos al no encontrar qué comer. Luis Bono adoptó una composición simplificada de San Telmo, menos estricta en los cánones tradicionales de su representación en beneficio de subrayar su patronazgo sobre la malacitana Real Academia de Bellas Artes, cuya monumentalidad la aporta el formato y tamaño del lienzo seleccionados en una mayestática simplicidad formal. La economía en los medios de composición, su severa frontalidad y el sincretismo en los medios plásticos empleados aportan a la imagen la inmediatez comprensiva de los mensajes publicitarios, de los que son expresivos sus carteles.

 

San Telmo de Luis Bono en el Museo de Málaga y San Mateo en la Iglesia del Santo Cristo de Málaga. 
© Fotos y composición del autor, 2019.

La figura del santo, con su característico hábito dominico, es representado por Bono ocupando el centro de una sencilla y escasamente profunda hornacina cerrada en su extremo superior por un austero arco de medio punto, de la que San Telmo cobrando vida inicia un lento descenso en dirección al espectador con gesto concentrado y ausente. Quizá la inspiración la encontrase en los sencillos espacios con hornacinas superpuestas en la nave central de la Iglesia del Santo Cristo, tan bien conocida por el autor, donde se recortan majestuosas en bulto redondo las figuras religiosas de ampulosos ropajes, que anima el empleo de la tradicional pose de indicar la flexión de una de sus piernas, necesaria al inicio de un paso. Como en las representaciones del Santo Cristo, Bono cree necesario identificar indudablemente al santo mediante el empleo de una alusión textual, consciente del abandono de los atributos más característicos al santo en su representación, por lo que aprovecha las jambas incisas en torno al arco superior para disponer su nombre. Es en este efectivo detalle donde mejor apreciamos la inspiración genial del diseño publicitario de Bono, empleando una tipografía que se adapta perfectamente al espacio triangular con base semiesférica en la moldura que recorre la curvatura del arco, destacando el encabalgamiento final de las letras en las palabras Santo y Telmo, para alcanzar una perfecta simetría entre dos palabras de cinco sílabas compactadas en cuatro, como magistralmente ha apuntado Rosario Camacho Martínez. 


Tipografía Santo y Telmo con encabalgado final en  San Telmo de Luis Bono, Museo de Málaga.
 © José Luis Gutiérrez.


 La rotunda corporeidad de San Pedro González del que, según testimonio de Alfonso Canales, Luis Bono fue un acérrimo defensor como San Telmo frente al postulante Obispo San Erasmo, martirizado en tiempos del emperador Diocleciano, produce duros efectos de sombras al recibir intensa iluminación desde el lateral derecho de la obra, subrayado por el fulgor de la llama de San Telmo que sostiene entre los dedos pulgar e índice de su diestra, una llama cercana a la representación náutica de una rosa de los vientos en alusión más dogmática con la iconografía habitual del santo, mientras que a modo de rosario lleva enganchada de la misma mano y muñeca una medalla de las usadas por los académicos, de grueso cordón en seda azul. En su siniestra sostiene un papel semienrollado, del que Bono deja entrever el extremo de la filigrana decorativa que enmarca los diplomas que se expiden en los nuevos nombramientos. Quizá se trate de una de las más bellas representaciones del santo patrono, que desciende de su hornacina hacia los presentes en la sala de sesiones a la que estuvo destinado para traerles la luz de la Sabiduría, el emblema del cuerpo social de la academia y sus documentos constitucionales. 

Sabemos, por acta de la sesión en junta ordinaria de 28 de noviembre de 1980 de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, que la obra fue donada generosamente por Luis Bono a la corporación, firmada por el autor ese mismo año y presentada públicamente en la exposición individual celebrada en esa fecha en la malagueña Galería Malacke, destinándose finalmente a presidir su salón de sesiones en el Palacio de Buenavista. Baltasar Peña Hinojosa agradeció tan honorable gesto en los siguientes términos:

Por último, la presidencia tiene palabras de agradecimiento y felicitación hacia el compañero don Luis Bono y Hernández de Santaolalla que ha donado a la Academia un cuadro de su mano del patrón San Telmo, que ocupará lugar destacado en el salón de sesiones. El numerario Sr. Atencia se recoja en una placa los detalles de título, autor, etc., y se opina que celebrándose el 14 de abril la festividad de San Telmo, es fecha propia para reunirse todos los académicos en lo sucesivo. Asimismo, se felicita al señor don Luis Bono y Hernández de Santaolalla por el éxito de su reciente exposición.

 

Acto de toma de posesión como académico de Ramón Areces el 16 de abril de 1986 en el Palacio de Buenavista, Museo de Málaga. 
© Diario Sur, 1986.  
 

Con tan excepcional donación, muy superior en empeño y calidad de ejecución a otros encargos realizados por la corporación a los pinceles de Luis Bono, el pintor saldó una deuda con su santo patrono por más de un siglo olvidada. En justa correspondencia con su gesto, el plantel de académicos se empeñó en consolidar una práctica que resultase habitual a la celebración de la festividad de su santo patrono, anunciando en sesión de 27 de marzo del siguiente año la celebración en la Iglesia del Santo Cristo de la Salud, tan afecta a la corporación por sus numerosos años de permanencia en el viejo edificio de San Telmo, de un oficio religioso en su nombre el 14 de abril próximo, al que estaban invitados todos sus integrantes. Creo que el empeño declarado en la década de los ochenta del pasado siglo por su presidencia en homenaje a su santo patrono no ha sido tan constante como se pretendiera, siendo uno de los objetos de esta entrada rendir un elogio de reconocimiento al patronazgo de San Telmo, que espero vuelva a presidir con su inspiradora luz su salón de sesiones, y gratitud por el gesto y el empeño cumplidos por Luis Bono en la corrección con su obra de una deuda contraída con su celestial patrono, que merece un vivo reconocimiento por sus actuales compañeros de corporación. 



Bibliografía: 

BONO Y HERNÁNDEZ DE SANTAOLALLA, Luis, Luis Bono [Catálogo exposición Galería Malacke, Málaga del 17 al 31 de octubre], Málaga, Galería Malacke, Paseo de Reding 29, 1980.

CAMACHO MARTÍNEZ, Rosario … [et. al.], Luis Bono (1907/1998) [Catálogo exposición, Sala de Exposiciones de Cajamar, Málaga del 7 al 18 de febrero de 2005], Málaga, Cajamar, Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, 2005.
FERNANDO ROIG, Juan, Iconografía de los santos, Barcelona, Ediciones Omega, 1950, p. 254, s.v. “Telmo”. 
PAZOS BERNAL, Mª Ángeles, Historia del Museo de Málaga: Fondos y Documentación, Málaga, 1982 [texto inédito mecanografiado]. 
PAZOS BERNAL, Mª Ángeles, La Academia de Bellas Artes de Málaga en el siglo XIX, Málaga, Bobastro, 1987.
PEÑA HINOJOSA, Baltasar, 20 pintores malagueños de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, (Artistas Plásticos 19), Granada, 1987, pp. 30-31.
SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio, “Luis Bono Hernández de Santaolalla” en PÉREZ DEL CAMPO, Lorenzo (coord.), Semana Santa en Málaga, Tomo V, Patrimonio artístico de las Cofradías, Málaga, Arguval, 1990.
SESMERO RUIZ, Julián, “Primer centenario de Luis Bono“, Anuario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo 7, Málaga, 2007, pp. 24-27.
SESMERO RUIZ, Julián, Diccionario de pintores, escultores y grabadores en Málaga, siglo XX. Málaga, Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, 2009, pp. 84-87.
VV.AA., Artistas plásticos de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo [Catálogo exposición, Sala de Exposiciones de Cajamar, Málaga, 1 al 30 de diciembre de 2011], Málaga, Cajamar, Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, 2011, pp. 16-17.
 

BO


jueves, 7 de febrero de 2019

170 aniversario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo



Urna de caoba y apliques metálicos para votaciones, presente en los inventarios del mobiliario de la 
Real Academia de Bellas Artes de 1910. Museo de Málaga
© foto del autor


Este año que se inicia conmemoramos el 170 aniversario de la creación en nuestra provincia de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, en virtud del Real Decreto de 31 de octubre de 1849. Como señalaba el recordado periodista Julián Sesmero, él mismo académico y bibliotecario de la honorable corporación, en un momento coincidente con la mayor opulencia económica y social malagueña, culmen de la ascendencia comercial e industrial de finales de la anterior centuria y previa al inevitable declive con que finalizó el siglo. Academia y Museo nacieron institucionalmente de la mano pues, según declaró el artículo 65 de aquel texto legal, a ella correspondía la creación y tutela de un necesario museo provincial, no nato a lo largo del más de medio siglo restante por diversas circunstancias que hoy no vienen al caso, pero que resultan paradójicas si tenemos en cuenta aquel inmejorable momento sin museo frente al actual de una Málaga, ciudad de los Museos. 
 
Su constitución se produjo en el transcurso de su primera sesión el 7 de junio del mismo año, resultando electo como Presidente José Freüller y Alcalá-Galiano, marqués de la Paniega y vizconde del Barco, un personaje ennoblecido desde su cuna y elevado por méritos políticos a la mayor influencia y reputación locales. Bajo su ilustre presidencia se incorporaron como primeros conciliarios Diego Delicado y Salvador Anaya, mientras que ingresaron como académicos los pintores afincados en la ciudad Luis de la Cruz y Ríos —maestro de primeros trazos de Carlos de Haes— y José García Chicano, así como Antonio Maqueda, Francisco Rojo o Juan Trigueros, quien además fue su primer secretario. El escultor Rafael León y los arquitectos José Trigueros y Cirilo Salinas se integraron en este mismo elenco, junto a los más destacados próceres de la ciudad: Manuel Agustín Heredia, Juan Giró, Francisco Crooke y Jorge Loring Oyarzábal, entre otros. Como legítimamente se puede deducir, una asamblea de notables entre el mérito profesional y artístico y otro económico y social, encajados los primeros entre sus iniciales secciones técnicas: la Sección Primera de dibujo, pintura y grabado en dulce; la Segunda de escultura y grabado en hueco y una Tercera de arquitectura, y libres de filiación los segundos, hasta arbitrar una Sección Cuarta ad hoc de aficionados a las Artes.  


José Freüller y Alcalá-Galiano, marqués de la Paniega [Málaga, c. 1870-1871]. 
Antonio Muñoz Degrain, óleo sobre lienzo. Museo de Málaga
© foto del autor

Así, comenzó a dar sus primeros pasos una corporación que en sesión de 15 de febrero de 1852 incidió en su voluntad de instituir un Museo. La Ley de Instrucción Pública de 1857, popularizada como Ley Moyano, hizo posible un germen de museo cuando el Rector de la Universidad de Granada instó a los académicos en 1864 a crear un Museo de Bellas Artes en Málaga. Con proyecto expositivo del arquitecto y académico Juan Nepomuceno Ávila se instaló al año siguiente una pequeña colección museística en el Salón de Sesiones de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, inicialmente colección muy vinculada con su función docente. Según las investigaciones de Ángeles Pazos, las siguientes décadas estuvieron presididas por el interés de incrementar las colecciones iniciales procedentes de desamortización con depósitos, donaciones y adquisiciones, cuyo primer y único catálogo se remitió al Ministerio de Fomento en 1871. Si hoy observamos su contenido quizá debamos concluir que no existió un proyecto coherente en su inicial formación, no solo determinada por la obligada incautación eclesiástica o por las oportunidades de obtención, sino por emplear lo que hoy conceptuamos como una política de incremento de colecciones en el socorro económico a académicos y familiares.

Abandonamos este rápido repaso por la segunda mitad del siglo XIX, comandada toda ella bajo el férreo timón del marqués de la Paniega, para adentrarnos en la primera década de la siguiente centuria, dominada por una lánguida existencia para la que se requirió casi una refundación de la corporación, bajo la presidencia en 1910 de Ramón Martín Gil. A su impulso se debe su reorganización, obteniendo nuevos nombramientos del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, caso de sus dos conciliarios y la incorporación de nuevos académicos, en cuya sesión de 29 de enero del año siguiente se acordó organizar el anhelado Museo Provincial de Escultura, Pintura y Arqueología. En este caso, la oportunidad la otorgó el Real Decreto de 24 de julio de 1913 del Ministerio de Instrucción Pública para la creación o reorganización de Museos Provinciales y Municipales de Bellas Artes. 

Aprovechando este nuevo marco legal, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo obtuvo la constitución del Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga por Real Decreto de 1915, creado en régimen de Patronato y declarado de utilidad pública. La intervención de su entonces Presidente, Ricardo Gross y Orueta, y del pintor académico Rafael Murillo Carreras fueron tan diligentes que el 3 de febrero de ese mismo año un nuevo Real Decreto nombró al segundo Director del nuevo museo y al primero Presidente nato de su Junta de Patronato, junto a la incorporación del Presidente de la Diputación Provincial y del Alcalde de la ciudad, más un representante del Cabildo Catedral. Así mismo, cuatro académicos se integraron como vocales, más el representante de la Comisión Provincial de Monumentos. La primera Junta de Patronato permitió el tránsito directo de los académicos José Nogales Sevilla, César Álvarez Dumont, Fernando Guerrero Strachan y Diego García Carreras, más Narciso Díaz de Escobar por la Comisión Provincial de Monumentos. 

La Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, desde un principio confundida en gran parte de sus miembros más activos con la Junta de Patronato del Museo Provincial, se mostró diligente en la formación de las colecciones museográficas mediante depósito de sus propios fondos, como con las donaciones y depósitos de artistas y particulares, destacando por su importancia las de los pintores Antonio Muñoz Degrain, José Denis Belgrano, el mismo Rafael Murillo Carreras o la del comerciante Rafael Echeverría, todas ellas entre 1915 y 1916. As ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽nte Rafael Echevan, Raí mismo, se dispuso del mismo entusiasmo en la búsqueda de sede, incluso instando al marqués de Luna al arrendamiento de su casa solariega en calle San Agustín, aunque finalmente se cedió en las mismas condiciones un piso propiedad de la Casa Larios en un inmueble de la calle Pedro de Toledo, esquina con Císter, donde se inauguró el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga el 17 de agosto de 1916. 


Primera sede en calle Pedro de Toledo [1916- c.1920] y en el excolegio jesuita en la actual Plaza de la Constitución
 [c. 1922- c. 1957]

En 1920 se produjo el primer traslado de sede del Museo Provincial, a tan solo cuatro años de su inauguración, por la venta del inmueble por sus propietarios a la Congregación Teresiana para su fundación en Málaga, lo que la Junta de Patronato participó a la Real Academia en su sesión de 22 de mayo del mismo año, aceptándose su reinstalación en los locales que compartía con la Escuela de Bellas Artes en el extinto colegio jesuita de la actual plaza de la Constitución. Una vez más se explicitaron los profundos lazos existentes entre la corporación y la institución, cuya formación siempre había impregnado el ADN de la Real Academia desde sus primeros pasos, y que desde ese momento siempre compartieron sede, se imbricaron en los órganos rectores del museo hasta la disolución del Patronato y confundieron colecciones, biblioteca y archivo documental, no existiendo hasta al menos la década de los años setenta del siglo XX una clara linde entre sus fondos museográficos, bibliográficos y documentales y los del museo.

Las gestiones para dotar al Museo Provincial de nueva sede se iniciaron en 1940, cuando Pedro Luis Alonso, Alcalde de Málaga, solicitó del Estado la construcción en la ciudad de un Palacio para Biblioteca, Archivo y Museo, ofreciendo el Consistorio la cesión de terrenos municipales. El edificio se construyó en la ladera interna de La Alcazaba, con diseño del arquitecto Luis Moya, proponiendo el Ministerio de Educación Nacional la instalación del museo en su primera planta. Sin embargo, una excepcional ocasión permitió recuperar la vieja idea de instalar el Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga en el Palacio de Buenavista, al abandonar el inmueble la Cruz Roja española en 1944. 

Construcción Palacio de Biblioteca, Archivo y Museo [Casa de la Cultura], con proyecto de Luis Moya, durante 
las obras de recuperación de La Alcazaba
© Archivo Temboury. Diputación Provincial de Málaga

Las obras de adaptación arquitectónica del Palacio de Buenavista como museo se efectuaron durante la década de los cincuenta, comenzando a ingresar las primeras obras de gran formato en 1957 y la instalación museográfica definitiva dos años después, bajo diseño y supervisión de los pintores y académicos Antonio Burgos Oms y Luis Bono de Santaolalla, designados por la Junta de Patronato. En este momento, la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo obtendría nueva sede de la mano de la institución museística, anteponiéndose el proyecto museológico a las necesidades mismas de la corporación académica, a la que renunció con entusiasmo por contar con la adecuada sede museística que tanto ansió desde sus inicios y con la que los académicos se implicaron con pasión. Correspondió a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo capitalizar los actos de inauguración el 28 de abril de 1961 bajo la presidencia académica y del patronato de José Luis Estrada Segalerva, con la presencia del Jefe del Estado y el Director General de Bellas Artes, Gratiano Nieto Gallo, a quien se le ofreció al día siguiente un almuerzo homenaje en el Hotel Miramar. 



Inauguración del Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga en el Palacio de Buenavista el 28 de abril de 1961 
bajo la presidencia del Patronato de José Luis Estrada Segalerva, con documento en la mano, junto a 
Gratiano Nieto Gallo y Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado.


Durante su larga convivencia en la casa solariega de la calle San Agustín entre 1961 y 1997 muchas fueron las complicidades que, al extinguirse los patronatos de los museos españoles en la década de los setenta, impulsaron nuevos lazos con la incorporación de los directores de la institución como académicos, casi como cargos natos a la corporación. Su expresión más cabal fue la organización desde 1965 de los Salones de Invierno en el Museo Provincial de Bellas Artes que, como justificaba su presidente Estrada Segalerva durante todos los años de celebración, se instituyeron anualmente por iniciativa del pintor afincado en México Juan Eugenio Mingorance Navas (Jaén, 1906 – México D.F., 1979), quien subvencionó el premio “Álvarez Dumont” como incentivo para jóvenes pintores en homenaje a su predilecto profesor durante su estancia de formación en nuestra Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Málaga. A la iniciativa de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo se unieron el Ayuntamiento, la Diputación, la Caja de Ahorros Provincial y la misma Escuela de Artes y Oficios con la institución de nuevos premios dedicados a “Moreno Carbonero” (galardón municipal), “Nogales Sevilla” (escuela artística) y “Burgos Oms” (Academia), para refrescar y perpetuar el recuerdo de tan insignes artistas según se declaró en su primer catálogo. La Academia varió la designación inicial de su premio para dar entrada a otros ilustres nombres: en 1969 a “Pedro Sáenz” y en el VI Salón de Invierno del año siguiente a “Fernando Labrada”. 


Portadas desde el I Salón de Invierno al V Salón de Invierno celebrados en el Museo de Málaga en 1965 y 1970 impresos
 por la Academia en Gráficas Urania.


Se realizaron hasta cinco Salones de Invierno en el Museo Provincial de Bellas Artes entre 1965 y 1970, con la única excepción de no celebrarse el correspondiente a 1967, y en convocatoria bianual desde el VII Salón de 1972, VIII de 1974 y IX de 1976, que constituyó una suerte de I, II y III Bienal Nacional de Pintura y Escultura en Málaga. Las convocatorias fueron adquiriendo cada vez un mayor prestigio nacional, por lo que las últimas celebradas superaron la presencia de artistas con el espacio disponible en el Museo de Bellas Artes, además las obras premiadas fueron depositadas por las administraciones e instituciones que las habían galardonado en el Museo Provincial, constituyendo hoy un grupo heterogéneo en procedencias territoriales, técnicas, temáticas y calidades plásticas. 



Portadas Segunda y Tercera Bienal Nacional de Pintura y Escultura (VIII y IX Salón de Invierno) celebradas 
en el Museo de Málaga en 1974 y 1976 impresas por la Academia en Gráficas Urania.
 

En 1997, el desalojo del Palacio de Buenavista para su incorporación como bien cultural inmueble que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía aportaba como sede a la Fundación encargada de la formación y gestión del Museo Picasso Málaga, tras su adquisición, impuso una suerte de inevitable separación entre corporación académica e institución, la primera buscando sede temporal por sus propios medios y la segunda bajo las gestiones compartidas por las administraciones públicas titular y gestora, hasta su inauguración en el Palacio de la Aduana el 12 de diciembre de 2016.



Compete a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo valorar los años de itinerancia entre 1997 y 2016 prácticamente con lo puesto, pues tanto los fondos museográficos, como la mayoría de los bibliográficos y documentales hasta esa fecha, siempre entraron en los proyectos de tutela, conservación y traslado de colecciones del Museo de Málaga, con similar profesionalidad e interés con el que el personal técnico de la institución ha empleado para el resto de fondos museísticos, bibliográficos y documentales. En este CLXX aniversario de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y una vez que vuelva a ingresar en sede compartida con el Museo de Málaga en el Palacio de la Aduana se presentan nuevos retos en la relación de sus miembros y de la institución museística y su personal adscrito.
 
Uno de esos retos, a los que la corporación se enfrenta, es la investigación, organización, conservación y difusión de sus fondos principalmente bibliográficos y documentales, procurando que este rico acervo patrimonial con más de siglo y medio de acopio y conservación alcance los anaqueles a disposición de la ciudadanía local, nacional e internacional que se interese por la investigación y la difusión científica de muchos de los inestimables datos que estos fondos poseen. Así como, permítanme la apreciación personal que deslizo, superar el ostracismo de sus académicos en torno a la figura contingente de su Dirección por una cordial y educada coexistencia con el personal del Museo de Málaga, recuperando algunas de las naturales relaciones que los más antiguos del lugar recuerdan se vivía en la vieja casa solariega de la calle San Agustín. Especialmente, en función de una coordinación necesaria a la formulación de políticas conjuntas en el incemento de colecciones, conservación de sus fondos y difusión pública, así como de la colaboración y del fomento de una institución con tan profundos vínculos históricos. 


Disculpen una última reflexión muy personal. El siglo XXI nos sitúa a los profesionales culturales ante nuevas exigencias que justifiquen nuestro papel en esta sociedad sometida a enorme estrés, donde crecen sin coto las desigualdades y se producirá una involución social con la extinción de una clase media asentada en un estado del bienestar periclitado, sustituida por una masa social desheredada de muchos de sus derechos que se verá obligada a replantear el valor de sus necesidades y aspiraciones, desde las más básicas. En este siglo de capitalismo salvaje, mercantilización absoluta y privatización de lo que hasta ayer consideramos sectores necesariamente públicos, debemos justificar mediante una decidida implicación social nuestra misma existencia, realizar un titánico esfuerzo que supere la sensación de una corporación ensimismada, elitista y superflua, tan equidistante de su marco social como de los nuevos aires que logren desempolvar lo que hoy para la mayoría de ciudadanos del común puede resultar una herramienta cultural obsoleta, caduca y en la práctica inoperante ante las condiciones de vida en esta nueva sociedad líquida. Créanme que en esta última reflexión lo que les expongo no pretende ser una crítica, sino el apunte de una oportunidad.
 
Bibliografía
AA.VV. Anales de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo 1, Málaga, La Ibérica, abril de 1911.
ESTRADA SEGALERVA, José Luis, Efemérides malagueñas, Málaga, 1979.
PAZOS BERNAL, Mª Ángeles, Historia del Museo de Málaga: Fondos y Documentación, Málaga, 1982 [texto inédito mecanografiado].
PAZOS BERNAL, Mª Ángeles, La Academia de Bellas Artes de Málaga en el siglo XIX, Málaga, Bobastro, 1987.
SESMERO, Julián, “La Academia de Bellas Artes de San Telmo cumple 138 años”, Diario SUR, Domingo 6 de noviembre de 1988.